Vides secretes


Tenia setze anys i pensava que per fi havia comprat la meva llibertat, m’havia costat dos estius treballant a la pizzeria. Xavier, que era com es deia el mecànic, s’havia pres molt seriosament el fet d’explicar-me com havia de fer el rodatge de la moto, així que ignorant las seves paraules vaig prémer l’accelerador cap a la vida que segur que havia  d’existir més enllà de l’Escala; primer Viladamat, després Saus, més tard Camallera, fins a Mendiyà. Tots eren deserts, a les places dels pobles només es veia algun avi passejant la seva desgana. No m’ho podia creure, però encara tenia una oportunitat. La capital, sí, a la capital segur que hi hauria ambient. Quant hi vaig arribar els nervis i la fred competien per ser els principals artifexs de la tremolor que s‘endevinava al meu llavi inferior. Però tampoc no hi havia ningú. Vaig passejar pels seus carrers vells imitant els avis que havia vist. Fins que em vaig trobar a la Rambla, davant de la llibreria Geli. Vaig veure una noia que tímidament em mirava des de l’entrada de la llibreria, com si li estranyés que hi hagués una altra persona de la seva edat al món. Va seure en un banc que hi havia al costat de la entrada, va treure d’una bossa “Tendra és la nit”, d‘Scott Fitzerald i amb un boli va escriure a la primera plana el seu nom i el seu telèfon, va deixar el llibre al banc i va marxar sense acomiadar-se. Des d‘aquella nit vaig tornar al mateix lloc cada vegada que tenia festa, al principi per comprar llibres on seguir trobant aquell mon glamurós i ple d’aventures que m’explicava Fitzerald, però després varen venir les paraules amb què Mario Vargas Llosa explicava la dolça nostàlgia criolla. Com descriu la confusió de Sudàfrica, Coetzee. Les febres de Dostoyevski o l'angunia de Céline.


A la noia mai li vaig trucar, Scott Fitzerald ja m’havia donat el que buscava, m’havia donat la llibertat.

¿El islam contra occidente?



El mundo está cambiando rápidamente y las ideas son cada vez menos perceptibles como verdades absolutas, ya ni tan siquiera como resultados de conceptos claros, cada vez se difuminan más las realidades confundiéndose entre sí, creando la necesidad de canales más exigentes de comprensión que no banalicen sobre enrevesados conceptos de sensibilidad extrema. Por este motivo he sentido la necesidad académica de intentar descifrarlos.
Sobre la esfera de un mundo globalizado, la radicalización extrema de algunos grupos islamistas y su nueva táctica de externalizar su lucha, no deja espacio a la duda sobre la necesidad innegable de entendimiento entre la cultura occidental y la cultura musulmana, necesidad entendida como única salida real a la crisis de inseguridad que ocasiona el terrorismo. El mundo es ahora un lugar demasiado pequeño para seguir ignorándonos y lo que ocurra en el extremo opuesto del planeta acabará tarde o temprano afectando nuestro modo de vida.
En oriente la caída de las dictaduras y de los gobiernos de talante panarabistas, la incapacidad de una renovación política real por parte de los grupos laicos, el bloqueo de los movimientos islamistas moderados por parte de la comunidad internacional, el exceso de corrupción de las cúpulas militares, ha llevado al fortalecimiento inaudito de grupos terroristas que bajo la manipulación del verdadero significado de la yihad que explica el Corán, arrastran a la radicalización a miles de personas formando ejércitos que vencen a los ejércitos regulares de algunos países árabes, que son capaces de tomar ciudades y de inventarse su propio estado sin que la comunidad internacional sea capaz de impedirlo, grupos terroristas que sin complejos adoctrinan ciudadanos de todo el mundo para que se sumen a su causa, haciendo eclosionar el terror en el seno de la comunidad occidental.
En occidente la población es azotada por una terrible crisis económica que los gobiernos intentan solucionar ahondando más en el capitalismo, arrastrando con ello una innegable crisis de valores. El prometido estado de bienestar acota sus límites dejando fuera todo aquello que le es incomodo, todo aquello que le es por naturaleza ajeno.
Las reglas de la geopolítica mundial han cambiado y es necesario crear nuevas estrategias desde el entendimiento de la alteridad y sobretodo buscar el auténtico germen responsable de que dicha alteridad se manifieste con hostilidad. Ahora ya no queda espacio para la sistemática etiquetación demagógica con la que hemos estado siendo distraídos por gobiernos sometidos a los poderes fáticos del momento. La violencia y el odio se manifiestan ahora en cualquier lugar del planeta, la manipulación de los estratos menos favorecidos de la sociedad es una realidad de todas las metrópolis y más que nunca de las occidentales.
La incapacidad de entendimiento de la alteridad se está manifestando de forma obscena en nuestro tiempo, se están creando de manera vertiginosa nuevas clases que no mantienen una comunicación real entre ellas, estratos que se niegan o se ignoran y en consecuencia acaban odiándose. Aparecen nuevos barómetros de diferenciación mientras los ya existentes en algunos casos se radicalizan o desaparecen. La globalización está convirtiendo el mundo en un lugar más homogéneo pero a la vez con unas diferencias más marcadas en cada sector. Cada lugar tiene unas características más parecidas entre sí pero con estratos sociales in situ más distantes, las desigualdades no han hecho más que crecer sirviendo de combustible a la radicalización, radicalización que se muestra para una enorme masa de población mundial como única salida a una situación económica, social y cultural insostenible.
Los objetivos de dicha reflexión se basarían por tanto en la comprensión del germen de la radicalización de dichas diferenciaciones, en busca que desde su comprensión se logre visualizar nuevas dialécticas eficaces para hacer frente al problema mundial de entendimiento entre civilizaciones, dialécticas que el poder establecido no ha sabido encontrar mientras seguía con su obstinada e ineficaz táctica de negar o aplastar lo diferente.
¿No es un problema económico el que está transformando el identitario de las civilizaciones?
Continuara…

Jorge Maruejouls

What is fascism and why did it appear?


Fascisms fed since 1920 on the excessive fear of what could happen with the social revolutions of the left. All the fascist politic parties felt the same hate towards the left. In their thoughts they were connected with an ancient power, the established power. They were in most cases soldiers that were prepared to crush any kind of violence. That is why the established power believed in them. The countries where the fascist system won as a way of government, were countries that were not used to a democratic government and didn't have the chance to enjoy a situation of prosperity with the liberal governments that ruled them. We can see people with no revolutionary past, people who has not bled for his individualism, people used to follow his leaders until the nonsense. 


The dramatic inflation that Germany suffered from 1919 until 1923 made it not possible to 
maintain the payments that the winners from WWI demanded. This gave France the excuse to take over the industrial area of Ruhr. This situation made the German people feel closer 
to fascism as the highest way of nationalism. The hate towards the other countries was the symbol of this people. They thought that the winners of WWI were responsible for them not being able to overcome the crisis.


In Italy the people was very angry because although they had won WWI, 650.000 people 
had died and the state funds were empty. In 1919 the crisis was unbearable, syndicates and parties of the left took the streets of the cities, both wanted to overthrow the liberals that 
ruled the country. But as the situation became more unstable, people began to feel fear and looked for security in the party of Benito Mussolini, a fascist party organized as a militia.
It is very important to understand that fascism is not a politic movement born from the poor 
people or the working class, it is a politic movement born from the middle class and with the assistance of the higher class to hold back any kind of change from the left. Russia was 
very near and echoes of their revolution arrived to Italy and Germany. But the leaders of the right didn’t know that these movements would burst into their own faces. Yes, when Hitler 
and Mussolini reached the power, they changed the constitution and became dictators. 


In the meantime in Spain the crisis that had afflicted this country since the end of the war 
against USA, made to radicalize a national feeling. People was not comfortable with their 
politics, they had driven the country adrift. The social tensions increased until it caused a 
civil war. But the authoritarian regime from the far right that won the war was not fascist, did not mobilize the multitudes with speeches of radical rhetoric, did not want to democratize 
one idea. They did not set up the fascism in this country, but disguised to get the favor from Germany and Italy.


By Jorge Maruejouls









When does history start?


I want to talk about the time in which the mind of the people changed. In the first civilizations, such as the Egyptian or the Mesopotamian, everything that happened belonged to the first memory. Those cultures thought that all things had to be the reflection of the primeval time, a time when the first king of the civilizations had done something wonderful that turned him into the eternal God of his people, the chosen people. If something wasn’t as in the primeval time it was evil and had to be removed. That is why all the Pharaohs had the same face and the same body, all the Kings of the ancient Egypt were the same God and had to do the same acts. They were caught in the eternal cycle of time, known as the eternal return. We can always see that the Pharaoh appears with his huge mace to crush his enemies, but what is the story behind? Every Pharaoh had the same drawing.



The story of the Kings of the ancient Mesopotamia was not written for the people, but for the Gods. That explains why theirs hieroglyphs were always written on the top of the mountains.  It is the same case for the Pharaohs, as they wrote theirs hieroglyphs inside pyramids or temples forbidden to people.  These Kings were Gods and did not need to talk to the people. Everything remained the same until the sunrise of the classical era, that is the ancient Greece and the Roman Empire, a time when people does not want anymore myths. What they want now is well-being and if the King couldn't offer that he was in big trouble. For this reason it was very important for the Kings of the Mediterranean sea to write the story of their life, their family, their town, their victories, everything that showed they were a good king. Their story was written now in the squares of the cities and in the roads, everywhere for the people to read.
Western civilization to invented history. 




By Jorge Maruejouls

Human Evolution


I like very much this moment of our history, because it is when we first appear as species. Besides this was a time when we were a weak animal in a kind of world where nothing was easy. Just imagine that we were for four million years endangered as a species.

To start we will talk about one kind of hominid called Australopithecus (means monkey from the South). He is the first primate hominid that moves in bipedal way. He lived in this world 6 million years ago. His home was a place now called Africa. They were not very tall, only 1.20 or 1.30 I think, and weighed 25kg or 45kg. The males were a 50% bigger than females, while this difference in humans is a 15%
But although this primate plays an important part in human evolution and it is very similar to homo species, it is not the same species because they do not have the same molecular sequence, I mean that after the Australopithecus it existed another primate closer to the species Homo (our species) but those fossils have never been found, therefore all scientist talk about the transitional fossil.
The first referent of our species appears 2,6 millions years before our time. It is the Homo habilis. He is bigger, stronger and above all more intelligent than the Australopithecus. He is the first primate that uses tools which he makes of stone, that is why this period is called Paleolithic (means, old stone). The females had a smaller pelvis and had to give birth before, that is why the baby was more defenseless and that helped to create a stronger relationship and that was a very good thing for the culture of the tribe.
Suddenly, one million years after, appears the Homo erectus. He is more intelligent than Homo habilis and knows how to make fire. The two species compete for the same resources and the Homo habilis becomes extinct.
1 million years later appears the Homo sapiens neanderthal (mean, wise man from valley Neand) He is almost two times more intelligent than Homo erectus, even more than us, he is the stronger homo, his body is adapted to the natural environment. When he breaks a bone, he recovers without assistance. He was the perfect machine and his home was whole Europe. For 100.000 years they were the kings of the continent.
But then an intruder from of Africa called Homo sapiens sapiens arrived (mean, double wise man) less adapted to the environment, weaker. All seemed in this hominid worse than the Neardenthal, but his throat was capable to do complex sounds, therefore they were able to create a language and with that to get a good organization. Besides also his brain was different, they could imagine different things and try to change the surroundings.
The adaptation doesn’t matter, that was the beginning of the end of the world.

By Jorge Maruejouls

Donde habita el bien


Reflexiones de un humanista
La moral es la manera natural en que nos desenvolvemos en el entorno que nos rodea, es la forma en que reaccionamos ante cualquier situación o circunstancia, algo que responde a un aprendizaje vital y cultural, por tanto social y en constante movimiento. Bajo esta premisa hay que entender el concepto como algo adaptable ante diferentes circunstancias, una manera de hacer que obedecerá no solo sus propios valores o conceptos sino que se amoldara para convertir su acción en algo eficaz que responda de manera satisfactoria a aquello que consideremos bueno.
La ética es aquella que nace de la observación primordial de la moral y que tras reflexionar sobre los hechos realizados los somete a un examen en busca de aquello que es correcto o incorrecto, fundando de esta manera los cimientos de los valores que se deben seguir. La ética es por tanto la responsable de filtrar la moral y de alterarla o intentar alterarla en pos del concepto de bien. Pero cada individuo tiene que estar alerta porque la moral tiene la capacidad de desentenderse del concepto ético y obedecer el capricho de emociones o dejarse llevar por los prejuicios del entorno.

Ahora el relativismo moral con el que hacen banderas algunos progresistas trasnochados o licenciados en antropología romántica. No cree en unos valores universales dado que antepone a la posible existencia de los mismos, la diversidad de las cultural con valores distintos y en muchas ocasiones contrarios, por tanto basándose en ese criterio, una sociedad carece de derecho de juzgar los valores de otra con su propia moral sino que por el contrario, tiene que insertar el código moral de la cultura juzgada para sacar una conclusión correcta sobre si un acto es bueno o malo.

Pero existen cosas que extrapolan un momento determinado y son malas en cualquier espacio temporal, atrocidades que la coyuntura del momento y el lugar dieron cabida, pero que como especie humana estamos obligados a enfrentarlas, moralidades que tienen un concepto equivocado de lo que es bueno o malo.
No porque algo sea útil en un tiempo tiene que ser bueno, tal vez es útil o aceptable porque existen los mecanismos adecuados para que dicha moral se lleve a cabo. No porque sea útil tiene que ser por fuerza algo bueno, lo eficaz puede seguir un fin que repercuta negativamente a la larga en la sociedad.

Pero si nos alejamos del fin y obedecemos un criterio moral que someta a juicio el ejercicio mismo del acto y no solo su fin, conseguiremos acercarnos de manera acertada a lo que es bueno. Nunca debemos olvidar la mayor máxima de la ética: “el máximo bien para el mayor numero”. 
Al no aceptar que las sociedades se puedan comparar unas a otras, el relativismo moral está negando la relevancia de los barómetros de calidad de vida de los habitantes como, la democracia, educación, libertad, sanidad.
De manera tolerante se tienen que utilizar unos valores universales que, aunque no sean aceptados por todas las sociedades, busque en mayor beneficio de la mayoría. Debemos acercar esos valores universales hasta los causes de la Declaración de los derechos humanos.


No se puede aceptar que cada individuo ejerza su propia moral aún cuando esta sea maliciosa para la sociedad, los derechos de todo individuo acaba cuando estos agreden a los derechos de otros. No podemos aceptar que el relativismo moral justifique el secuestro de la cordura que padecen algunas sociedades. Ni blindar de la impunidad que da la bandera de la tradición lo que no es correcto.  

Jorge Maruejouls

La Boquería

         
 
         Ignorando la fealdad con que la Boquería rompe la hegemonía de las calles adyacentes a la Rambla, le entusiasmó divisar aquella estructura metálica. Había descubierto ese lugar un día que hizo compañía a Dani en un documental fotográfico para “La Vanguardia”. Desde entonces, tanto él como su amigo recorrían habitualmente esa zona de Barcelona. Cerró su vieja chaqueta recreándose con su rugoso tacto, como quien comparte un estado de ánimo. Con un andar lento pero decidido, se iba convirtiendo en una esponja que absorbía olores, colores y sonidos, un éxtasis receptivo en que todo gozaba de un alboroto estético. Se sentía tan pleno dentro de aquel mercado que lo comparaba con un gran núcleo de energía; un frenesí sensorial que invadía cada molécula de su cuerpo.
Lo que más buscaba eran los olores, aunque también estaban los colores y no sólo en los alimentos. Se maravillaba con las cantidades indigestas de emigrantes que abarrotaban el mercado en busca de buenos precios o mercancías ajenas a lo mediterráneo. La Boquería se había tenido que adaptar a esas nuevas demandas trayendo toda suerte de frutas y especias, algunas totalmente desconocidas para los comerciantes, obligándolos a ponerse rápidamente al día sobre la maduración de unas y el color necesario para otras. Cómo olían esos condimentos; según se había informado en su mayoría procedían de Sudamérica. No podía evitar aproximar impúdicamente sus fosas nasales a una especia de carmesí abusivo y textura de compota. Desprendía un olor que maravillaba sus sentidos y agudizaba sus glándulas salivales. Aunque el dependiente boliviano, acostumbrado a su extasiada expresión, lo había alentado en más de una ocasión a comprar “Ají amarillo”, nombre que demostraba la testarudez de su daltoniano creador, nunca consiguió convencerlo. Marc siempre le respondía amablemente intentando alargar su conversación para poder observar pausadamente, esas facciones indias que le resultaban tan interesantes. El grueso cabello azabache que cubría su cabeza tenía más que ver con el pelo que tienen los hombres en algunas partes pudendas, erguido como huyendo de sus pensamientos se separaba de su cuero cabelludo brillando aceitosamente. Su nariz era de un achatado moldeado por los golpes y tras sus toscos labios mal disimulados por su vellosidad, aparecía una dentadura amarillenta que la cubierta de oro de uno de sus incisivos no disimulaba. Lo mejor que tenía este personaje eran sus ojos, achinados, pero con el suficiente magnetismo para entrever lo interesante que podía resultar su interior. Pero Marc, poniendo a prueba la paciencia de aquel indio, nunca se atrevió a comprar el “Ají Amarillo”. No se arriesgaba debido a que desconocía la preparación de los platos que lo llevaban, temía que el resultado rompiera su magia. Estaba seguro que si se dedicaba a escribir algunas líneas sobre ese lugar el resultado sería más que satisfactorio, pero no quería hacerlo, el mercado era una exquisitez que se reservaba para él.
Tras estos paseos por la Boquería se sentía tremendamente agotado, algo contradictorio al saber que consideraba aquel lugar como una fuente de energía, cuestión que él, con su natural lógica, comparaba con una gran comida que tras ingerirla se tiene que digerir. Inmerso en la nada caminaba sin ninguna dirección, aunque le dolían los pies y su garganta se mostraba resentida por la gélida cerveza consumida momentos antes. Se esforzaba en seguir su paseo para que el revoltijo de sensaciones hiciera patria en pensamientos inconscientes, sosegado estado de levedad al cual recorría habitualmente para satisfacer el libre albedrío que exigía su caprichosa mente. Al cabo de unos minutos giró por una calle menor en donde el tránsito de individuos se hacía más copioso; se palpaba una pasividad en sus andares propia de quienes no poseen destino. Se detuvo un momento ante una barbería. Tras el escaparate se podía ver, sobre asientos de caduco diseño, cómo peinaban a dos hindúes mientras otros cuatro esperaban su turno fumando unos cigarrillos liados. Alzó la mirada en un acto reflejo y leyó en el mugroso letrero “Peluquería Nasir”. El nombre no le decía nada, pero estaba seguro de que ya la había visto, y giró su rostro hacia el camino recorrido, comprobando que en su campo de visión se observaban dos peluquerías de idénticas formas y clientelas. Con una sonrisa curiosa reinició su paseo, pero ahora sin perderse detalle. Era cada vez más evidente que se encontraba en un barrio marginal, algunos emigrantes aburridos se cruzaban con él, otros se mantenían apostados en las esquinas con la mirada puesta en la nada, vacío que, aunque falto de esperanzas, era carente de angustia. Desilusión agradecida ante el lugar que reservaba el primer mundo a sus desheredados. Ahora, aparte de las peluquerías, también proliferaban con idéntica similitud tiendas de comestibles de factura extranjera y locutorios cargados con imágenes de cantantes y actores de Bollywood. Se percibía que la clientela que visitaba estos establecimientos más que abastecerse de suministros o poner conferencias telefónicas, buscaban encontrarse con gente de su misma cultura.
Negando su cansancio Marc seguía adelante, pero algo cambiaba según continuaba avanzando. Reconoció en el rostro de las personas un grado de agresividad que le empezó a perturbar, luego como salidas de la nada, le fueron cortando el camino putas de actitud decidida, las cuales reconocieron en él a un intruso que nada tenía que ver con la clientela que frecuentaba esos lares. Mientras macarras de insustancial mirar lo observaban todo. Podía reconocer en aquellas putas los moretones de sus últimos clientes o aún peor, de aquellos proxenetas de policíaca expectación. Más de una, al observar la profunda mirada del escritor, descubrió lo fingida que era su indiferencia confundiendo esa pose con la aprensión de un purista; por lo que empezaron a increparlo llamándolo maricón unas y otras lanzado gargajos a su paso mientras esgrimían gestos obscenos o maldiciones en idiomas ajenos. Según avanzaba, nuevas rameras le increpaban aún con más rabia por desconocer el motivo del alboroto. Ahora los macarras con los que se cruzaba habían cambiado su postura y se mostraban amenazantes. Manteniéndose lo bastante tenso para empezar a correr cuando fuera necesario, logró salir a una calle abierta donde la gente paseaba ajena a lo que se cocía a tan sólo unos metros. Se giró y, desde la distancia, observó de nuevo aquella maraña de gentuza arrepintiéndose de no haber podido pasar inadvertido y renegó de lo arriesgado que sería volver sobre sus pasos. Daba por seguro que su mirada, influenciada por los nervios, no había sabido absorber todo el cúmulo de historias que gritaban esos rostros, historias que seguro no le hubiera costado trabajo dibujar con palabras.
Se tomó una cerveza en el primer bar que encontró y, aunque su garganta se quejó ahora con mayor fuerza, la ignoró. Había sido un gran día. Daniel, que según supo por una llamada se encontraba en la zona, se reunió con él:
-¿Has tomado buenas fotos?
-Nada, un desierto. Tienes mala cara –a lo que Marc respondió con la descripción de las sensaciones que había tenido en aquella calle. Pero cuando empezó a reconocer el brillo en los ojos de su amigo, se apresuró a exagerar el peligro de la empresa que se adivinaba en las pupilas del fotógrafo. Éste, más convencido por la falta de luz que por el temor de su amigo, fue a buscar consuelo en otra cerveza, mientras Marc revisaba las fotos en la pantalla digital. En verdad eran bastante malas, pero una llamó su atención. Al volver Dani con la cerveza, un gemido desde la entrada ahogó la pregunta que salía de sus labios.
Un hombre no había calculado bien la distancia que lo separaba de los escalones, precipitándose al suelo con tan mala suerte que apoyó su mano sobre un cristal que había pasado desapercibido hasta ese momento. Las personas de las mesas más próximas se acercaron rápidamente para ayudarlo a incorporarse, pero cuando descubrieron que sangraba por una mano, casi todos abandonaron su intento. Sólo dos mujeres lo auxiliaron, aunque sus rostros delataban la misma simbiosis de asco y miedo que los que habían reculado. Ante esta escena, en la servilleta de papel que había en la mesa Marc escribió:

Sangre, líquido que en otros tiempos despertaba sentimientos mutuos, rojo espejo de todos los alientos. La gente de ahora, sólo ve en ella el medio con el cual contraer todo tipo de enfermedades incurables. Lo que antes era la esencia de la vida, se ha convertido en un viscoso conducto hacia la muerte.

Texto extraído de la novela inédita “No tienes porque hacerlo”


Jorge Maruejouls

Humedad entre tijeras


Lo que le llamó la atención fue que calzara unas bambas modernas como las que suelen llevar las jóvenes. La manera en que se ajustaban a sus delgados tobillos le entusiasmó, era como si en aquel detalle viera una puerta a una perdición deseada íntimamente. ¿Quién controla el deseo cuando la ilusión por algo nuevo nace sin pedir permiso, intentando arrastrarte mediante la imaginación hacia algo tan volátil como la libertad? Pero allí estaba ella, pensativa, con una mirada que le hacía aparentar un misterio que con seguridad no poseía. Todo es maravilloso cuando no sale de la ficción, la verdad es casi siempre detestable por su cruel banalidad. Sería fantástico que solo nos alimentáramos de sueños pero hemos heredado la fatal necesidad de los chimpancés de palparlo todo, desenmascarando nuestras ilusiones con la certeza de la simplicidad. Sólo hace falta un timbre de voz erróneo para arrastrarnos de nuevo a la realidad de la vulgaridad humana.
Como adivinando las cavilaciones del escritor, se marchó en silencio evitando cualquier muestra que rompiera su buen sabor de boca. Tras la oportuna huida de su esporádica musa, se sintió inquieto. Últimamente se ponía nervioso ante la gente. Aunque no le importaba lo más mínimo, no podía evitar ser consciente de sus actos y seguir sus conversaciones. Sofocado intentaba evadirse en la lectura de su libro, pero la mujer de al lado se quitó el abrigo. A la que estaban retocando empezó a criticar el peinado hecho el mes pasado. La muchacha que barría se miró el reloj con desgano. Todo era absorbido por su mente menos en lo que quería centrarse. Esas informaciones entraban en él de manera simultánea, dejando la lectura en un segundo plano, donde las palabras del maestro Vargas Llosa flotaban entreteniendo su subconsciente.
Siempre tenía que levantar la mirada para observarla. Este proceder la había hecho poseedora de una falsa altura, malentendido que sus ojos no habían querido desenmascarar cuando han tenido la oportunidad. Como la mayoría de pelirrojas es excesivamente blanca, si no fuera por su perseverante sonrisa su semblante tendría la aureola de las mujeres de Poe. Con frecuencia comete la estupidez de modificar el carmesí de su melena mediante ocres de moda, falta de gusto que le añade algunos años. Aunque nunca ha tocado su piel sabe que es tersa, suavidad por seguro conseguida mediante el lustre constante con cremas oleosas y panaceas aromáticas. La humedad de sus manos despierta ambiguamente la sensualidad de su cuerpo, que sin desperezarse deja que su mente se alimente de sus propias imaginaciones, las cuales se consumen en la hirviente visión de la cúpula rosácea de sus tornados senos, donde de una manera impúdica se le muestran erguidos los pezones.
Presiona las pupilas con sus párpados para sacudirse la imagen que le ha hecho sudar. Desde su asiento mira cómo su víctima continúa su quehacer ajena a la perversión de sus pensamientos; pero entonces se detiene y con una sonrisa en la que se trasluce complicidad se acerca a lavarle la cabeza, lo hace de una manera mecánica, no quiere que ese acto se convierta en la antesala del placer que le va a brindar. Utiliza agua fría para evitar que su predisposición al gozo estropee sus planes. Es tan obvio el ritual que no se inmuta ante la evidencia de sus actos, todo está bajo las claves de un guión no escrito.
Después de lavarle el cabello lo dirige con la mirada a otra silla, mientras le sigue en silencio. Puede sentir cómo sus ojos recorren su espalda. -No debí haberme puesto la camisa que llevo, es muy apretada y delata la dejadez de mi cuerpo- reflexión que pasa sin calar en él. Al sentarse de nuevo le desabrocha dos botones de la camisa. Sabe que no empezará con él hasta que todos se hayan ido, lo suyo necesita del silencio y la soledad, sólo entonces nota cómo la yema de sus dedos empieza a tocar su cabeza. Aunque conoce a la perfección la forma de su cráneo siempre sigue la misma secuencia
-como si fuera la primera vez que lo palpara-, para que luego la pulpa de sus dedos comiencen la danza que jugará con las fibras de sus sentidos. Baja sus manos para apretar obsesivamente su cuello, como quién pretende fundirse en las arremetidas de un amante. Luego, con sus artes, atrapa sus apelmazados nervios en la base, guiándolos por la carretera de las cervicales los conduce hasta su cabeza, que se emborracha con la sensibilidad que la envuelve, convirtiéndola en un enorme glande que la peluquera no deja de colmar de sensaciones. Luego, de nuevo, lo relaja, proceso totalmente necesaria para no romper las reglas de la ambigüedad.
Hacía tiempo que conservaba a la misma joven de aprendiz y por la naturalidad con que le mencionaba los nombres de amigos y familiares, demostraba que se había convertido en su confidente. Marc podía adivinar en los ojos de la muchacha la admiración que sentía por su jefa, una admiración no exenta de un cierto recelo, que por seguro aplicaba a todas sus relaciones personales. La perorata insaciable de la mayoría de las clientas y las rápidas respuestas prefabricadas de la muchacha disimulaban lo silencioso de su carácter, aunque bastaron pocos deslices del mismo para regalar el descubrimiento de que esta manera de ser no encerraba inteligencia como suele ocurrir, sino por el contrario una concienzuda ingenuidad. Con fingida naturalidad Marc provocaba deslices para husmear en busca de la fuente de su recelo, dando por seguro que éste no era algo inherente a su forma de ser.
Cuéntame que te pasó -parecía pedirle con la mirada. -Una noche siendo niña alguien en quien confiabas te leyó un cuento en la cama y tus suplicas para que dejara de tocarte se ahogaron en tu vergüenza ¿Lo recuerdas? ¿Fue eso? Imposible, a ti nunca te contaron cuentos, como tampoco a tus padres. Esas cosas se notan. Tal vez te enamoraste por primera vez de la persona equivocada, abriendo tu cuerpo a un indeseable que luego te engañó. La vaga forma que se intuye tras la bata parece negarlo.
¿Dónde viste el mal? ¿Qué cara tenía ese demonio? ¿Qué fue lo que te hizo? ¿Por qué no me lo cuentas?

Mientras observaba disimuladamente el reflejo de la muchacha en el espejo, una voz lo arrancó de sus divagaciones.-Marc, ya estas- dijo la peluquera con un tono en el que nuestro amigo creyó reconocer cierta celosía.

Texto extraído de la novela inédita "No tienes porque hacerlo"

Jorge Maruejouls 

Lo siniestro en el cine

Lo siniestro no es simplemente aquello que nos ocasiona temor, existe una dialéctica más compleja en el concepto, una formula mucho más elaborada, más efectiva a la hora de conseguir una verdadera impresión emocional. Efecto que puede dar en la membrana más intima del equilibrio, despertar aquello que creímos haber vencido, que ocultamos pero no pudimos eliminar por formar parte de nosotros, de nuestra historia, de nuestra vida.
No estamos ante una suerte de invento que despierte nuestros temores, sino ante nuestros temores mostrados como algo real, una vuelta de tuerca ante aquello que no considerábamos peligroso por no reconocerlo, por tenerlo oculto y que ahora se muestra a su libre albedrío.
Por tanto al ser nuestro entendemos que podría ser a su vez algo familiar, alguna especie de sospecha, de miedo, que por su incongruencia no lo aceptamos como peligro real, pero que en su momento tuvo la gravedad suficiente para no olvidar aquella sensación de incertidumbre. Aquella sospecha se enterró en las profundidades de la memoria, invernando en nuestro subconsciente. Y su vuelta es lo que se entiende como siniestro.
Un ejemplo de lo siniestro lo encontraríamos en los autómatas en aquello que consideramos humano y que al instante se nos muestra como un objeto inanimado. No estaríamos sino ante algo que nos es conocido en sustancia y que de repente se convierte en ajeno, algo que pasa de lo familiar a lo extraño en un instante creando irremediablemente una inseguridad ante aquello que sabemos o que creemos saber.
¿Hasta que punto nos estaremos engañando?
No será todo una mentira, reflexiona inconscientemente nuestra mente.
Luego como siniestro también está el recurrente motivo de la castración y no solo de los genitales sino la castración como el desmembramiento de alguna parte del cuerpo. Es como si al profanar aquello que es sagrado para ti, como lo es tu cuerpo, estuviera irremediablemente convirtiéndolo en algo extrañamente ajeno algo que ya no es tuyo.
Lo siniestro también esta afincado en la repetición, cuando una circunstancia se repite en el tiempo de manera anormal nos invade una sensación terrible, es como si en nuestro foro interno tuviéramos el anuncio que esa extraordinaria coincidencia trae el germen de una desgracia inmediata.
Por último también podríamos encontrar lo siniestro en nuestros complejos infantiles en aquellos traumas olvidados y que consideramos superados pero que en un momento dado vuelven como ciertos, como propietarios de una verdad olvidada.
Los tres títulos que presento a continuación son exponentes claros del concepto de lo siniestro, en su aspecto de aquello familiar y conocido que se muestra como extraño. El más efectivo y el menos recurrente en el cine.

El resplandor de Stanley Kubrick

Es la historia de un escritor llamado Jack que buscando la soledad necesaria para escribir su obra acepta durante el invierno, hacerse cargo de un hotel en las montañas quedando él, su mujer y su hijo aislados de la civilización. En el pasado el Hotel había sido escenario de unos dantescos asesinatos, revelación que Jack decide sospechosamente, ocultar a su mujer,  según avanzan los días el carácter de Jack va cambiando, se convierte en un hombre irritable y van haciéndose visibles seres que habitaron el hotel, la llegada de una tormenta parece ser el detonante.
El padre de familia acentúa su transformación con los días mientras su hijo Danny va tomando conciencia de los poderes extrasensoriales que le advierten de un peligro inminente, pero es su padre quien lo mantiene atado a una falsa realidad, es su progenitor quien alimenta su estabilidad con falacias, las mismas que desde un principio utiliza con su mujer, mentiras de las que él irremediablemente forma parte. Algo que demuestra en la habitación 237 cuando huye de la mujer que se ha convertido en un cadáver putrefacto, él huye no asustado, sino como si ya supiera que algo iba mal, él está ocultando algo que ya sabia y no entiende porque ha salido de ese lugar donde lo mantenía escondido, lo deja bajo llave y luego vuelve con Wendy y le miente.
Pero un día Jack empieza a mostrarse diferente ante ella y su hijo, ellos ya no reconocen al Jack que aman, y lo que es peor tienen que dar paso al Jack que niegan pero que no olvidaron nunca, el Jack que hizo daño al niño por tirarle unos papeles mientras escribía, el Jack violento.
Estos dos inocentes se ven sorprendidos por aquello que sabían y que no querían aceptar, aquello por lo que se dejaron convencer para satisfacer a su padre, a su marido. Ahora que la tormenta impide cualquier huida, lo siniestro se muestra ante ellos.

Twin peaks: El fuego camina conmigo de David Lynch

La película describe los últimos días de vida de Laura Palmer, una chica que aún representando todo lo modélico del pueblo Twin peaks, mantiene una doble vida de perversión en donde se prostituye con frecuencia, esto no solo responde a su viciado carácter sino también a su necesidad de evasión, su ansiedad por oscurecer una sospecha que no quiere admitir.
Obviando la temática de la película y el ritmo acompasado del trascurrir de la historia, vemos que ya en el minuto dieciocho dos inspectores investigan el bar donde trabajaba la primera víctima, uno de los clientes del bar repite la misma pregunta sumergiendo a los agentes en la sospecha de algo extraño, pero la alerta aumenta cuando nos damos cuenta que los policías que llevan hasta ahora el peso de la historia, caen en el mismo vicio trasladando la alerta sobre nosotros mismo.
El surrealismo de algunas escenas muestra un mundo onírico que vive paralelamente al nuestro y que a su vez toma espacio en nuestra conciencia de lo real, nos confunde convirtiendo poco a poco nuestro mundo en un lugar extraño nos adormece antes de transportarnos a ese lugar de nuestra mente donde habita lo siniestro.
La trama nos enseña a una Laura Palmer con una escasa estabilidad psicológica a la vez que nos va desvelando que es lo que ha debilitado su equilibrio emocional. Aquí sin preámbulos nos muestra como lo siniestro a poseído su vida, como aquello que le era familiar, aquello que amaba, se muestra extraño, empieza a temer a su padre, no reconoce su actitud y siente un miedo atroz ante el extraño que ve él. Aquel monstruo que desde los doce años, como ella misma reconoce, la quiere poseer, ya no teme a su imaginación sino a lo que está ha creado, aquello inanimado ha tomado vida. Lo siniestro aquí también será al final totalmente visible aunque esta vez con un resultado nefasto para Laura Palmer.

La profecía de Richard Donner

Es la historia de una familia de renombre americana que tiene dificultades para tener hijos, por lo que el marido al sufrir su mujer un aborto, adopta de manera algo extraña un niño en el mismo momento y lo hace pasar como propio ante su esposa. Los años y la carrera política del marido avanzan y con esta se abre un prometedor futuro en la familia, todo bajo un marco inmejorable de amor familiar, pero al cumplir cinco años Damian, empiezan a ocurrir a su alrededor una serie de sucesos extraños, comenzando por el suicidio publico de su institutriz, en forma de sacrificio en su nombre. Acontecimientos que son tomados por la familia como hechos que atentan contra la seguridad de su hijo reafirmando con estos, los lazos paternos y maternos en el núcleo familiar. Pero las cosas cambian cuando el niño empieza a ser el protagonista de estos sucesos extraños, algo comienza a perturbarlos ahora de una manera mucho más sería, lo extraño empieza asomar en lo familiar, lo siniestro empieza a mostrarse, pero el amor familiar negara las evidencias. Hasta que estas se hacen insalvables en la madre la misma que es víctima en primeras instancias de aquello maligno en lo que se ha convertido su amado hijo, si aquello familiar se ha convertido en extraño para ella. Para el padre conocedor del origen secreto del niño aquello siniestro se muestra aún con más gravedad, aquello de lo que empezaba a tener sospechas es ahora una realidad siniestra y solo queda hacer el peregrinaje de hartarse de las razones empíricas que le den las armas para enfrentarse a aquello que ya acepta como irremediable, como cierto. Su hijo es un extraño que ataca directamente a su familia. 

Jorge Maruejouls

Lo que se esconde en la noche



Noche en la que convergen todas las sensaciones, en la que parece haberse engendrado todos los pensamientos, el dulce olor del alcohol en el que nunca tuve el valor de sumergirme pero en el que si anegue todos mis sueños, negarte y negarme a la vez. Ahogar bajo la soporífera neblina  de opiáceos la necesidad de tu existencia, la ansiedad de sentirte, tan visceral que todo se mostraba absurdo. Pero la realidad se extravió para siempre
Tocado de tu oscuridad, asustado, me albergue de tu sombra en la brutalidad de momentos insustanciales, huí de la humedad en la que guardas tu noche. Confundido por la aspereza de lenguas extrañas, restos de sal que han ulcerado mi alma, secretos que mi carne esconde entre las pieles de su vergüenza
Vergüenza a vomitar tu grito
Todo pasa, al final te acostumbras a los días… a los meses… a los años… a tu existencia, piensas en lo pasado y rebufas complaciente ante lo que es tu vida.
La responsabilidad no se acaba… pero al oscurecer el viento te devuelve un amargo secreto… un susurro… se donde estas y no huirás… pero la amenaza es horrible puesto que nunca acontece… y cada día vuelve a ser como el anterior… como el mes anterior… como el año anterior… El papel se quiebra hasta romperse sin que sea capaz de encontrar las palabras adecuadas, la piel se quiebra hasta romperse sin que sea capaz …

Jorge Maruejouls



Libertad

Me salpico de la belleza de todos los colores
Pero  no de la gravedad que habita en las banderas
Me acuno con todos los sonidos
Pero no en la incomprensión que rompe en grito
Me enamora el orden que asoma del caos
Pero odio a los profetas que agitan las masas
Creo en los pueblos y en su derecho a decidir
Pero no me gusta que se ilegitimice la identidad individual
Creo en la libertad por encima de todo, libertad a sentirse español, catalán o chino mandarin


A mi me gusta “Juntos pero diferentes” o como diría el gran maestro Bond
Mezclado, no agitado
Jorge Maruejouls

Posmodernidad


El bar-librería era de un esnob demasiado impersonal. Lleno de libros que no atendían a la lectura sino a la jactancia, todo aquello se me mostraba ajeno, hasta incomodo. Parecía el escaparate de unos diseñadores de gráficos, donde las estanterías exponían una pulcritud que orillaba el fetiche estético, obviando el verdadero sentido que albergaba la celulosa.
Yo en la senda del profesor Bukowski, bebía afanosamente con la esperanza de que algo ocurriera.
El vino siguiendo la dinámica de la noche se mostraba suave en el paladar pero ostentoso en la garganta, tan bueno que no conseguía embriagarme lo suficiente para desenredar las palabras que se atoraban en mi garganta, mientras el goteo constante de diálogos solitarios minaba mi despistada cordura. Voces que se perdían en la exuberancia de sus propios ecos. Me sentía absurdo, que hacia allí, alguien me había prometido una conversación interesante, -enlazar contactos- dijo y ahora estaba enjaulado sin poseer las espontáneas verdades que manejaban esos exquisitos individuos. Decidí Guardar mi simplicidad en el silencio, esperaba la oportunidad de desaparecer.
En un momento de la noche alguien dijo que no entendía aún que era la Posmodernidad.
Llevaba el suficiente tiempo hundido en aquella, estética pero incomoda butaca, para saber que no se trataba de una pregunta real, sino parte del teatro de su discurso, una manera de exponer cínicamente algo en lo que no creía, algo que suponían fruto de la inventiva, una inventiva de mal gusto. El poseedor de la reflexión seguía creyendo en el hombre y seguro que cada día creería más, alimentando su seguridad con el reflejo de cada cristal, con el sonido de cada palabra.


En ese instante vino a mi mente Deckard, aquel Blade Runner que recorría las calles de los Ángeles en el 2019 buscando a los replicantes que se habían negado a aceptar la caducidad de su existencia. Sí, desganado cumplía las órdenes que el sistema le imponía esperando que fueran las suficientes para largarse.
La ciudad por la que deambula es decadente, la necesidad de reinventarse, de borrar cualquier huella del pasado la ha convertido en un lugar inhóspito, todo parece estar abandonado, la exuberancia de algunos edificios expone la prepotencia de sus habitantes, mientras todo es bañado por una lluvia gris que no logra arrastrar la basura que se amontona en las esquinas y menos ahuyentar los tribales grupos que se mueven por las calles de manera caótica.
Los replicantes, cazadores de un pasado con el cual pretende crearse una identidad humana, mientras los habitantes de la ciudad parecen huir de cualquier recuerdo. Solo Deckard igual que los replicantes parece cuestionarse la realidad y por eso sufre.

Desde la realidad alguien me agitaba el brazo reclamando una respuesta:
¿Tú también crees que Ratzinger es un gran teólogo?
Marche sin contestar en busca de un lugar sórdido donde pudiera compartir intimidad con el silencio... Antes de que me hiciera demasiado pequeño.
Jorge Maruejouls
Dedicado a mis amigas Pepa, Teia y Maria Angeles



Una nueva manera de comunicarnos



Estaba en la biblioteca pensando como despedirme de esta sección “Escrituras Hipertextuales”, como estructurar todas mis conclusiones al respecto, muchos conceptos y demasiado inestables. Cruzo las piernas sobre el suelo, el pasillo de siempre, paso las páginas de libros ya leídos y me sumerjo en mis cavilaciones. Pero algo en uno de los libros me agita. Se muestra orgullosa, segura de sí, tanto que más que mirarla me mira. Sí, aquella puta parisina de pudor olvidado que pinto Manet, claro, me refiero “Olympia”. Es entonces cuando me doy cuenta de la similitud entre la aparición del impresionismo y la irrupción de las escrituras hipertextuales.
La narrativa de los cuadros de estos artistas es escueta, para ellos ya no se trata de explicar algo que despierte un sentimiento, sino de mostrar directamente lo sentido por el artista, su impresión hacía aquello observado, lo demás ya formara parte del espectador. Éste será el que se tendrá que mover, cambiar de ángulo para entender las pinceladas, para descifrar lo que sintió. El arte dejara de ser un mecanismo de adiestramiento del poder y se convertirá en un ejercicio intelectual para el espectador, algo que no esta allí para sosegar sus humores sino para despertar su curiosidad intelectual.
Las escrituras hipertextuales despiertan nuestros sentidos, aceleran la absorción de conocimientos, avivan nuestro interés. Ya no se trata de una lectura lineal en la que no se puede interactuar, eso era algo que arrastrábamos del medioevo, de sus libros sagrados, de su manera de entender el conocimiento como algo que no esta abierto a discusión. Las escrituras hipertextuales nos alejan de esa manera caduca de entender el conocimiento igual que los impresionistas enseñaron a mirar de una manera distinta a su generación, los alejaron de los cánones y los invitaron a buscar alternativas.
Nos encontramos ante una manera de comunicarnos donde todo es licito para hacer efectiva la trasmisión del mensaje, un lugar donde la visión, el tacto o el sonido se mezclaran en un mismo soporte rodeando al receptor de tal manera que se ve obligado a interactuar con el concepto. Volvemos a tener tan solo unos meses y olemos, chupamos y miramos antes de entender lo que nos rodea. Volvemos a tener derecho a equivocarnos.
Jorge Maruejouls

El hablador



Leía algunas reflexiones de Isidro Moreno, profesor de la complutense en ciencias de la información, sobre los lectoautores, aquellos que utilizan un soporte virtual en el cual pueden participar en lo que están leyendo. Un concepto de interacción perfectamente entendido por algunos videojuegos en los que los participantes tienen que relatar la personalidad de su avatar. Esto es involucrarse de manera real, es crear una historia en la cual están hiperactuando, una historia que solo les pertenece a ellos. Ahora ya existen hasta interfaces que sin necesidad de ninguna prótesis pueden interactuar con el individuo, seguir los movimientos del cuerpo, eliminando con ello el miedo a que los ordenadores nos conviertan en seres sedentarios, ventosas humanas pegadas a sus teclados.
Con esa manera de hiperactuar con los contenidos estaríamos en cierto modo volviendo a la absorción de conceptos mediante la interacción con ellos, como los contadores de historias del pasado. Biológicamente nuestro cerebro esta preparado para ello, puesto que durante miles de años fue su manera de entender las cosas. La lectura y aprendizaje lineal es algo relativamente nuevo.

Me vino a la mente un libro de Vargas Llosa que había leído a mediados de los 80 llamado “El hablador”, ambientado en el expolio del Amazonas, la historia trata sobre un elemento muy importante del pueblo machiguenga. Debido a los escasos recursos de la zona y al constante expolio hecho por la civilización occidental los miembros de esta tribu habían tenido que formar grupos muy pequeños, grupos unifamiliares y a distancias considerables uno de otro, la única manera que tenían de comunicarse entre ellos era mediante los habladores, individuos sin núcleo definido, estos iban en sus canoas recorriendo los afluyentes del río, recalando en los diferentes núcleos donde se ponían al día de lo ocurrido por esa familia en su ausencia, un recién nacido, alguna muerte, una temporada mala de caza, una maldición, la aparición de algún demonio o tal vez otro ser mitológico. Tras esto empezaban a explicar su recorrido por los otros núcleos, pero no lo hacían de una manera lineal sino que iba de atrás hacia delante y de delante hacía atrás, de manera desordena haciendo paradas y cambios de ritmo a disposición de su publico, siendo en ocasiones corregidos por las improvisaciones de su auditorio que pretendía añadir un giro más a la historia que estaba siendo explicada, secreto que perfectamente podía haber sido susurrado por un ser mitológico mientras dormían, al final casi todo se convertía en una suerte de improvisaciones, el caos perfecto que mantenía unido a un pueblo disperso entre las caprichosas subidas del Amazonas.

Tal vez esta nueva manera de comunicarnos nos este acercando a ese Hablador a su manera de trasmitir la información, a la forma en la que su auditorio interactuaba con él. Tal vez toda esta hipermedia en el fondo nos esta ayudando a mantener o crear nuestra identidad como individuos, como seres que hiperactuan renunciando a un adoctrinamiento lineal que no nos tiene en cuenta. 

Jorge Maruejouls