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Aquí comparto con vosotros algunos de mis artículos publicados (2003-2006) en la prensa latinoamericana. El Espectador y El Expreso.

Llegaron del mar, del cielo y de la tierra


Son explotados ilegalmente como esclavos en los campos de la España profunda.
En un muelle cualquiera del sur de España, como partes de un único cuerpo, se aprietan entre sí compartiendo los mismos espasmos y la misma ansiedad por no haber logrado entrar en el país. Mientras salen de la hipotermia, observan cómo los mismos guardacostas que los han interceptado en el estrecho salvándoles de una muerte segura tras hundirse la patera, empiezan las primeras tareas burocráticas para su repatriación. Un sentimiento confuso de agradecimiento y rencor se adivina en sus ojos.
En un camión de mercancías se transporta una tensión acumulada, tensión que al llegar a cualquier estación del norte de España se convierte en miedo, cuando se abren las compuertas del vehículo y salta de su interior una masificación humana en busca de oxígeno. Sin entretenerse se escabullen como delincuentes con la mirada clavada en el suelo, como si su intento de conseguir una vida mejor fuera un delito. Casi sin esperanza se dirigen hacia ninguna dirección, con la única seguridad de seguir avanzando, pero en esos momentos un coche de la policía autonómica los divisa.
Los temblores de su mano mientras extiende el pasaporte abierto en la página del visado no convence al policía de aduanas, que decide abrirle las maletas descubriendo lo que ya sabía de antemano que encontraría, las pertenencias de una vida marcada por la miseria, tras lo cual le solicita la liquidez necesaria para justificar su estancia como turista.
Pero, amigos míos, no os quería hablar de los que no lo consiguen, pero me ha parecido desleal no mencionarlos. Los que lo logran, no siempre encuentran lo que buscaban. No quiero decir con esto que estén peor, puesto que todo es relacionado al estado de gravedad en que se encontraban en sus países de origen, ni mucho menos quiero negarles el derecho a buscar una vida mejor y en algunos casos a continuar teniendo una vida. Simplemente quiero dar testimonio de las veces que adivino en la mirada de aquellos que han logrado no ser interceptados la desilusión de descubrir cómo ya en el país de sus sueños son explotados ilegalmente como esclavos en los campos de la España profunda; cómo las mujeres son vejatoriamente violadas hasta que pierden toda dignidad, tránsito en el cual los responsables de las mafias, mayoritariamente del mismo país de origen que los emigrados, no escatiman en la utilización de drogas, fuerza bruta y tácticas intimidatorias sobre la familia que se deja, tras lo cual son manejadas como zombis por calles y prostíbulos; como empleadas del hogar, viven a la sombra de una familia que no hace nada por arreglar su situación, mientras tienen que ocuparse durante jornadas de 24 horas de niños engreídos y longevos de cordura extraviada.
Pensando en ellos, he recibido con gran regocijo la noticia de que el gobierno socialista está dispuesto a regular la situación de aquellos que malviven en esa economía sumergida manejada mayoritariamente por las mafias y empresarios sin escrúpulos, siempre y cuando puedan demostrar que llevan el tiempo suficiente en España, consigan un contrato y, lo mejor de todo, denuncien a los explotadores.
Quién sabe, por ahora todo queda en una declaración de buenas intenciones que espero que no ocurra como otras leyes progresistas y pueda salir adelante.
Aunque el paraíso nunca sea lo que ellos esperan, tal vez consigan germinar en estas tierras una semilla, que si es bien cultivada pueda mantener algo de la historia de sus padres y con ello conseguir que este mundo sea un lugar más tolerante. Creo que estoy cayendo de nuevo en otra utopía, pero con vuestro perdón soy escritor, y como tal prefiero alimentarme de mis sueños que de una realidad que muchas veces me repugna.
Jorge Maruejouls

LA SOSPECHA DE LA ESTUPIDEZ DE EEUU


En el final de cualquier año de los ochenta, en un barrio de Surquillo, hacíamos hogueras con todo lo inservible e inflamable que hubiera sobrevivido al año, En el centro de la hoguera clavábamos una larga vara de la cual colgaría el muñeco que representaría al más odiado; el muñeco en cuestión siempre era el tío Sam. Digo representaría puesto que ninguno de nosotros estaba dispuesto a sacrificar alguno de los símbolos americanos que poseíamos, por más imitación que fueran, para darle algo de credibilidad al linchamiento, por lo que vi arder al hombre de paja siempre vistiendo guayaberas viejas. Nuestro nerviosismo, al ver como se alzaban las flamas, hacía surgir eufóricos gritos contra el enemigo yanqui, un enemigo inculcado por el rencor de nuestros padres, los cuales a su vez habían sido emborrachados por discursos políticos llenos de alegorías justificadoras sobre nuestro estado de desarrollo; juego fácil el de echarle la culpa al enemigo imperialista de nuestra eterna crisis. Nuestra vehemencia, llena de criolla testosterona, nos hacía bailar como posesos enrrededor de las llamas. Irónicamente dentro de nuestras mentes se visualizaba toda esa fuerza en la figura de Rocky subiendo las eternas escaleras del museo de arte de Filadelfia.
Han pasado muchos años desde entonces, y ahora desde la fría Europa, vuelve a mí por momentos la imagen de aquella euforia contagiosa. Aunque la actitud prepotente del imperio americano no ha variado sustancialmente, no puedo permitirme ahora aceptar otra generalización, el peso de mi conciencia me obliga a rechazarla.
El cliché de que todos los americanos son imbéciles y la facilidad con que se descalifica, como si fuera fruto del mal todo lo que proviene de ese país, me parece un complot barato al que lamentablemente se suman muchos intelectuales que le hacen un flaco favor a la verdad, puesto que aunque soy consciente del problema americano y siento la misma repugnancia que vosotros ante los bombardeos humanitarios y las torturas de Abu Gharaib, creo necesario aplicar el mayor celo posible a la interpretación; aquí no se trata de una lucha contra una cultura, sino de una lucha contra una política.
No podemos posicionarnos del lado populista de Michael Moore (Fahrenheit 9/11), que nos muestra una sociedad de imbéciles blancos que en nombre del miedo se matan unos a otros con su arsenal casero.
No frivolicemos, es indecente buscar el espectáculo sacrificando la verdad.
No creo en Bush, ni en la versión edulcorada que es Kerry; el poder en América lo tienen los neoconservadores, tanto del lado demócrata como del republicano, por lo que no cabe esperar grandes cambios después del dos de Noviembre.
El Bush Bashing (vapuleando a Busch) que mantienen el Vanity Fair o la mordaz columna de Maureen Down (New York Times), con sus respectivas réplicas republicanas de Charles Krauthammer (Washington Post), por mencionar algunos, ha abierto una guerra sin escrúpulos entre periodistas y escritores de uno u otro candidato, desfavoreciendo la opinión que tiene el mundo sobre el pueblo americano.
No todos los americanos son patrioteros, ni viven todos en Wisconsin, Ohio ó Nebraska, por mencionar algo de la América profunda, y tengo la completa seguridad que ni en los sitios mencionados piensan todos igual; la identidad de Estados Unidos late con más fuerza en sus ciudades donde la pluralidad de ideas es palpable; ¿o es que Nueva York no es una de las ciudades del mundo donde se rinde más culto a la individualidad?, ¿acaso Woody Allen nació en Bruselas?. Encuentro nefasta la negación de una cultura americana con voz propia y con la suficiente capacidad autocrítica para reconocer los fallos de su propia civilización; literatos como Susan Sontag o Paul Auster, lo demuestran, sin necesidad de caer en demagogias.
La denuncia de la estupidez americana no nos puede dar carta libre para caer en el absurdo.

Jorge Maruejouls
BARCELONA CENTRO DE CULTURA
Barcelona, engalanada como en pocas ocasiones, rinde homenaje a Sant Jordi, llenándolo de los símbolos necesarios para convertir el mito indoeuropeo en un santo catalán, dejando de lado el celoso esfuerzo por cuidar sus símbolos, también los prestados. Es costumbre en esta tierra que todo caballero obsequie una rosa a su favorita, aunque por el excesivo trabajo de las floristerías ese día, bien se podría dudar de la honestidad de algunos. Las agraciadas por su parte responden al presente con un libro, ocasionando en esa jornada la venta del 10% de la facturación anual de editores y libreros (más de 19 millones de euros en 2004). En tropel, la gente toma las calles céntricas de la ciudad, infestadas por multitud de puestos de libros y de ventas de rosas. Así pues, embriagado por el olor de las rosas que inunda la Rambla de Barcelona y sin mostrar resistencia, soy llevado por la muchedumbre hasta una de las casetas que se montan para que los escritores firmen sus libros. Pasan algunos minutos de la hora prevista y no han llegado todavía. Dentro, algunos hombres engullidos en acartonados trajes se pasean nerviosos, mientras chicas uniformadas marean las pilas de libros fingiendo interés.

El primero en llegar es el chileno Jorge Edwards (Premio Cervantes 1999), se sienta en el lugar asignado y sin mirar la pila de su última novela “El inútil de la familia” se pone unas gafas de leer. Me confiesa que el mejor poeta de todos los tiempos era Rimbaud (con pronunciación francesa), me sorprende debido a la íntima amistad que mantenía con Neruda. El escritor no estaba seguro que esos de baños de multitud fueran positivos para los escritores, aunque con la sonrisa de los que han conocido a un mito, me cotillea que Neruda se divertía mucho con las multitudes y disfrutaba con el trato con el lector.
Como adivinando mi siguiente pregunta (Qué piensa del antichilenismo creciente en Suramérica?) se muestra reticente a seguir conversando, la excusa es que tiene que firmar libros, aunque al girarme compruebo que la cola es inexistente aún. Sin tener tiempo a asimilar el convite, veo llegar a una nerviosa Empar Moliner. A diferencia del anterior lo primero que hace es reordenar cariñosamente sus libros. Su mirada, en la que se percibe una viva inteligencia, recorre la caseta como buscando algo y se posa en el objetivo de mi cámara regalándome con desparpajo una sonrisa, el mismo desparpajo que muestra en algunas de sus declaraciones: “Si eres tía, triunfas más. El de escritor debe ser el único oficio del mundo, junto al de prostituta, donde sucede esto”. Otra: “Odio esos personajes femeninos que en la página 15 se desnudan y se duchan para sacarse de encima sus fantasmas interiores; creo que la literatura catalana debe ser una de las más higiénicas del mundo con tanta protagonista duchándose.
Buscando que me sorprenda le pregunto por el escritor que más detesta – Coelho. Afirma tras dudar en atreverse, ninguna sorpresa por ahora, dado que parece ser una norma entre los intelectuales detestar a Coelho ó renegar de Isabel Allende, aunque desconfío que ese criterio sólo tenga que ver con su falta de estilo y no con el exceso de ventas.
La escritora catalana me cuenta que siempre escribe en horario comercial, aunque le gustaría escribir por las noches como los malditos.

Sobre el libro que le cambió la vida, escucho algo parecido a Marti’n9a de Higo@i·n&gºs, no entiendo ni cual es el libro, ni quien lo escribió, pero me guardo en repetir la pregunta y dejo que mi grabadora recoja el nombre, para evitar parecer tonto. Más tarde cuando transcribía la grabación, descubrí que más que tonto era imbécil, la grabadora tampoco entendió un carajo; aunque por los artículos que escribe seguro que era algo como Patricia Highsmith o Martín Amis.
Jorge Maruejouls. ¿Crees que el feminismo está obsoleto?
Empar Moliner. Creo que las feministas a veces son papanatas.
Mientras charlábamos me explicó con orgullo como al principio tuvo que trabajar de cualquier cosa y señalándome el Corte Ingles que teníamos a unos metros, me confesó que había hecho de Papa Noel para esos grandes almacenes.
Sobre su última novela “Busco señor para amistad y lo que surja”, sólo me dijo lo que ya sabía: – Es una recopilación de artículos que he publicado en el periódico “El País”-.
Y cuando le pregunto por el secreto de su éxito afirma no ser conciente de tenerlo.
Fastidiado por la simplicidad de sus últimas respuestas, me saco de la manga una pregunta un tanto tendenciosa:
J. M. ¿No tienes miedo que el personaje televisivo en el que te estás convirtiendo acabe devorando la escritora que eres?
E. M. No tengo ningún miedo. Afirma intentando mostrarse convencida.
Tras comprobar por la expresión de su cara, que la pregunta ha dado en el blanco, me despido felicitándola por la cómica ironía de sus libros, ella se repone tras una sonrisa, mientras busca en mis ojos la veracidad del halago. Ese momento, que perfectamente podría ser el principio de una novela, es interrumpido por el escandaloso berrear de algunos jóvenes. Boris Izaguirre acaba de llegar.
Mientras observo perplejo el efecto Boris, reflexiono sobre la polémica entre los escritores catalanes que consideran que el Día del Libro se ha convertido en un circo de autores mediáticos. Dicha reflexión, unida a la molesta interrupción, acondicionan el principio de la entrevista:
J. M. ¿Nadie puede negar tu intelectualidad, pero por que la disfrazas con esa superficialidad?
Boris Izaguire. Por que la superficialidad es la mejor carretera que conozco, la que a más lugares te puede llevar y la más extensa de todas las avenidas.
J. M. ¿Crees es necesario transgredir para agradar?
B. I. Creo que es necesario agradar para transgredir.
J. M. ¿Televisión o literatura?
B. I. Ambas, totalmente, no he tenido problemas en ninguna de las dos, en ambas me he divertido mucho y he conseguido hacer todas las cosas que he deseado.
J. M. ¿Un libro con el que más excitado te sentiste?
B. I. “California” de Eduardo Mendicutti, estoy enamorado de ese libro. (Mucha pluma)
J. M. Tu último libro habla sobre el carácter homosexual de Hitchcock en algunas escenas, ¿nos podrías dar un ejemplo?
B. I. Hay muchísimas. Una de sus películas del año treinta, que se llamaba Asesinato, trata de una chica actriz que aparece asesinada aparentemente por otra. En el transcurso de la investigación, se descubre que verdaderamente la ha matado un señor que se disfraza de mujer, que se gana la vida como travestido en un vodevil. Fue entonces cuando me di cuenta que era increíble que Hitchcock, ya en 1930 hubiera tenido esa capacidad de observación para cuan novedoso, atractivo y morboso que es la homosexualidad para el espectador.
J. M. ¿Muchas personas denuncian la falta de relevo generacional en el cine Europeo, estas de acuerdo con esta idea?
B. I. Para nada, yo creo que siempre habrá relevo generacional, siempre habrá cine y los ciclos continuaran. Existe una necesidad de ser pesimistas que no tiene razón de ser.
J. M. ¿Venezuela o España?
B. I. Mm.…. Yo soy… Yo vivo aquí…Yo creo… -se deja de dudas y responde con una sonrisa- Barcelona y Madrid.
J. M. ¿Qué te pareció que el gobierno de Zapatero vendiera armas a Venezuela?
B. I. Cierto que la gran tragedia de los antichavistas es que Chávez, siendo como es, haya conseguido estar en el poder en el momento histórico en que el petróleo esta a 56$. El hecho de que un país Sudamericano pueda dar 700 millones de euros a otro país Europeo es realmente insólito, nadie puede rechazar tantos millones de Euros y me gusta mucho que sea Venezuela la que le compre a la madre patria.

El sujeto cultivado e inteligente con el que acabo de hablar no tiene nada que ver con el que aparece en televisión pegando gritos y diciendo estupideces, lo que me hace pensar que el personaje televisivo responde más a las exigencias de unos directores enganchados a la audiencia. Dejando atrás la coqueta ambigüedad de Boris, me sumerjo de nuevo en el rió de gente que es la Rambla, caigo en la cuenta que durante nuestra conversación se ha puesto las gafas de sol estando en un sitio cubierto; creo que me falta glamour, aun no logro entender que las gafas tienen que ver más con el estilismo que con la protección. A unos metros más adelante veo un grupo de inmigrantes reivindicando con una pancarta “Los inmigrantes también somos catalanes”, los acompaño hasta que veo a Pilar Bardem.

“La Bardem” es como titula sus nada desdeñables memorias escritas a cuatro manos con su hijo Carlos, radiografía honesta de su vida de actriz y madre, con el fondo del final del franquismo y la transición.
Flaca, nerviosa, un genio la Bardem. Asegura que ese público, aunque nuevo, no la atemoriza, -Es gente que te quiere, como cuando estás en el teatro y van a verte o como cuando haces una película.- ante la pregunta de qué libro haría desaparecer, es rotunda. –“Mi lucha” de Hitler-. Nos muestra una foto con Javier Bardem, que coloca al lado de sus libros, dando vía libre para que la gente que viene a verla pregunte por su hijo (demostrando que su pasión de madre supera cualquier celo artístico). Sobre su trabajo nos explica que va empezar a trabajar en una nueva película en Mayo. “Rodando” contará la historia de tres mujeres con el hilo conductor de una bicicleta. Tras confesarnos que todavía no había visto todas las películas nominadas en los premios Goya como mejor película extranjera de habla hispana, le aconsejo que mire con cariño “El Rey”. La felicito por una vida como la suya y con un par de besos me despido, conteniendo mi abrazo.
Al salir me tropiezo con la tímida, pero siempre agradable, Lucia Etxebarria (Premio Planeta 2004). Pero no tengo más tiempo, me espera el teatro.
Jorge Maruejouls

Vargas Llosa al escenario




El escritor peruano demuestra sus cualidades histriónicas Vargas Llosa al escenario
Cada mes de octubre desde hace varios años los periódicos peruanos auguran, especulan y apuestan que Mario Vargas Llosa recibirá el Premio Nobel de Literatura, y toda Latinoamérica se mantiene en ascuas esperando que la Academia Sueca le entregue el escurridizo Nobel al escritor peruano.
El mayor galardón de las letras mundiales que se otorga anualmente en Estocolmo, Suecia, y que han ganado hasta la fecha cinco latinoamericanos, le ha sido esquivo a Vargas Llosa, quien por más de una década ha figurado como candidato y quien, de haberlo ganado, se habría convertido en el segundo autor del llamado “boom latinoamericano” en lograrlo, después de Gabriel García Márquez, quien lo obtuvo en 1982.
La próxima semana por fin se conocerá el nombre del ganador de uno de los premios Nobel más esperados, casi siempre sorpresivo. Los entendidos en el tema sospechan que este año la Academia se inclinará hacia otros géneros, dejando fuera la narrativa y la poesía. Mientras tanto, Vargas Llosa ocupa su tiempo en otras cosas, por ejemplo, el teatro.
Enmarcando el año del libro en Barcelona, el escritor peruano presenta la adaptación teatral de su ensayo La Verdad de las Mentiras publicado en 1990, donde recoge su visión particular de algunas de las obras del siglo XX que más lo han enriquecido. Para ello ha querido contar con la complicidad de Aitana Sánchez Gijón, actriz en la que convergen belleza e intelectualidad, y la guía del reconocido director catalán Joan Ollé.
La idea de llevar su libro al teatro nació durante unas charlas que daba en Torino, invitado por el escritor Alessandro Baricco, el cual a su vez mediante un excelente espectáculo explicaba sus lecturas favoritas. Aplicar la idea del escritor italiano sobre su ensayo quedó flotando en su mente, pero no la tomó en serio hasta que los organizadores del Año del Libro y la Lectura lo incitaron a hacer realidad esta aventura dentro de los actos programados en Barcelona.
Aunque la obra que se representará en el teatro Romea de la ciudad condal, se diferencia del espectáculo de Baricco en el contenido, una puesta en escena más ambiciosa y unas elaboradas cortinas musicales, comparten la misma necesidad de despertar en el público el placer por la lectura.

“Pero necesitaba convencer a una magnífica actriz con gran vocación literaria”, dice el escritor rompiendo su reposada seriedad con una sonrisa, a la que Aitana responde con la risueña naturalidad que nos tiene acostumbrados.
La lectura de relatos de Cervantes, Dinesen, Faulkner, Borges y Onneti se mezclarán con la actuación teatral, en un intento de fundir la antiquísima tradición de contar cuentos, con la literatura escrita, en unas veladas que se aventuran como mínimo reconfortables.
Barcelona jugó un rol neurálgico en su vida de escritor, dado que aquí publicó su primer libro y ganó su primer premio importante de literatura (Biblioteca Breve).
Jorge Maruejouls. ¿Cuál es la diferencia que encuentra entre esta Barcelona y la que conoció en los años 70?
Mario Vargas Llosa. La Barcelona que yo conocí en los 70 era ciudad todavía sometida a una dictadura, eran los últimos años del franquismo y había una cierta apertura en el campo de la cultura, pero en el campo político seguía siendo un país sin libertades ni partidos políticos, había una tensión muy fuerte, por otra parte digamos que con todos los años que han pasado, España y también Barcelona se han convertido en una sociedad próspera, moderna, muy de cara a Europa, el progreso en ese sentido ha sido muy notable. Lo que quizás ha cambiado en algo es ese gran descubrimiento por parte de España y sobre todo, diría yo, por parte de Barcelona de la literatura lLatinoamericana, ha perdido mucho su novedad, se sigue viendo aquí escritores latinoamericanos, pero digamos que en los años setenta lo que se produjo fue el descubrimiento, España salió de un encierro en sí misma y el puente con el mundo fueron los escritores latinoamericanos que publicaron aquí, quizás ese sería el cambio mayor.
J.M. Si se supone que la literatura nos da la oportunidad mediante la introspección de rozar la lucidez, ¿cómo es que la mayoría de escritores sigue defendiendo ideologías utópicas para conseguir el bienestar del mundo?
M.V.Ll. Bueno, a los escritores los atrae mucho la utopía, la utopía es la búsqueda de la perfección, en el campo social y político donde es imposible de alcanzar, pero no es imposible de alcanzar en el dominio del arte, en el dominio de la literatura, en ese lugar sí se puede alcanzar esa perfección, esa coherencia que tienen las obras maestras, quizás eso inclina mucho a los escritores y a los artistas a buscar también en el campo social la utopía, desgraciadamente en el campo social nunca se ha alcanzado la utopía y lo que se ha conseguido en su búsqueda ha sido el infierno y el Apocalipsis.
Por otra parte Aitana nos contó cómo se sintió al conocer a Mario en el festival de cine de San Sebastián, siendo éste presidente del jurado, se presentó ante el autor de La guerra del fin del mundo. Emocionada por conocer al responsable de ese libro, el que considera su primera lectura adulta. No es de extrañar que años después, no tardara más de dos minutos en aceptar la oferta de compartir escenario con el literato.
Afirmó también que con Mario el teatro se había perdido un gran actor, con una capacidad enorme de trasmitir.
“Compartir escenario con él es una experiencia única, si por mi fuera, me iría de gira con Mario”. A lo que Mario respondió con una voz no ausente de temor. “Por ahora lo único que pienso es en sobrevivir a esta experiencia”.

Jorge Maruejouls