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Lo siniestro en el cine

Lo siniestro no es simplemente aquello que nos ocasiona temor, existe una dialéctica más compleja en el concepto, una formula mucho más elaborada, más efectiva a la hora de conseguir una verdadera impresión emocional. Efecto que puede dar en la membrana más intima del equilibrio, despertar aquello que creímos haber vencido, que ocultamos pero no pudimos eliminar por formar parte de nosotros, de nuestra historia, de nuestra vida.
No estamos ante una suerte de invento que despierte nuestros temores, sino ante nuestros temores mostrados como algo real, una vuelta de tuerca ante aquello que no considerábamos peligroso por no reconocerlo, por tenerlo oculto y que ahora se muestra a su libre albedrío.
Por tanto al ser nuestro entendemos que podría ser a su vez algo familiar, alguna especie de sospecha, de miedo, que por su incongruencia no lo aceptamos como peligro real, pero que en su momento tuvo la gravedad suficiente para no olvidar aquella sensación de incertidumbre. Aquella sospecha se enterró en las profundidades de la memoria, invernando en nuestro subconsciente. Y su vuelta es lo que se entiende como siniestro.
Un ejemplo de lo siniestro lo encontraríamos en los autómatas en aquello que consideramos humano y que al instante se nos muestra como un objeto inanimado. No estaríamos sino ante algo que nos es conocido en sustancia y que de repente se convierte en ajeno, algo que pasa de lo familiar a lo extraño en un instante creando irremediablemente una inseguridad ante aquello que sabemos o que creemos saber.
¿Hasta que punto nos estaremos engañando?
No será todo una mentira, reflexiona inconscientemente nuestra mente.
Luego como siniestro también está el recurrente motivo de la castración y no solo de los genitales sino la castración como el desmembramiento de alguna parte del cuerpo. Es como si al profanar aquello que es sagrado para ti, como lo es tu cuerpo, estuviera irremediablemente convirtiéndolo en algo extrañamente ajeno algo que ya no es tuyo.
Lo siniestro también esta afincado en la repetición, cuando una circunstancia se repite en el tiempo de manera anormal nos invade una sensación terrible, es como si en nuestro foro interno tuviéramos el anuncio que esa extraordinaria coincidencia trae el germen de una desgracia inmediata.
Por último también podríamos encontrar lo siniestro en nuestros complejos infantiles en aquellos traumas olvidados y que consideramos superados pero que en un momento dado vuelven como ciertos, como propietarios de una verdad olvidada.
Los tres títulos que presento a continuación son exponentes claros del concepto de lo siniestro, en su aspecto de aquello familiar y conocido que se muestra como extraño. El más efectivo y el menos recurrente en el cine.

El resplandor de Stanley Kubrick

Es la historia de un escritor llamado Jack que buscando la soledad necesaria para escribir su obra acepta durante el invierno, hacerse cargo de un hotel en las montañas quedando él, su mujer y su hijo aislados de la civilización. En el pasado el Hotel había sido escenario de unos dantescos asesinatos, revelación que Jack decide sospechosamente, ocultar a su mujer,  según avanzan los días el carácter de Jack va cambiando, se convierte en un hombre irritable y van haciéndose visibles seres que habitaron el hotel, la llegada de una tormenta parece ser el detonante.
El padre de familia acentúa su transformación con los días mientras su hijo Danny va tomando conciencia de los poderes extrasensoriales que le advierten de un peligro inminente, pero es su padre quien lo mantiene atado a una falsa realidad, es su progenitor quien alimenta su estabilidad con falacias, las mismas que desde un principio utiliza con su mujer, mentiras de las que él irremediablemente forma parte. Algo que demuestra en la habitación 237 cuando huye de la mujer que se ha convertido en un cadáver putrefacto, él huye no asustado, sino como si ya supiera que algo iba mal, él está ocultando algo que ya sabia y no entiende porque ha salido de ese lugar donde lo mantenía escondido, lo deja bajo llave y luego vuelve con Wendy y le miente.
Pero un día Jack empieza a mostrarse diferente ante ella y su hijo, ellos ya no reconocen al Jack que aman, y lo que es peor tienen que dar paso al Jack que niegan pero que no olvidaron nunca, el Jack que hizo daño al niño por tirarle unos papeles mientras escribía, el Jack violento.
Estos dos inocentes se ven sorprendidos por aquello que sabían y que no querían aceptar, aquello por lo que se dejaron convencer para satisfacer a su padre, a su marido. Ahora que la tormenta impide cualquier huida, lo siniestro se muestra ante ellos.

Twin peaks: El fuego camina conmigo de David Lynch

La película describe los últimos días de vida de Laura Palmer, una chica que aún representando todo lo modélico del pueblo Twin peaks, mantiene una doble vida de perversión en donde se prostituye con frecuencia, esto no solo responde a su viciado carácter sino también a su necesidad de evasión, su ansiedad por oscurecer una sospecha que no quiere admitir.
Obviando la temática de la película y el ritmo acompasado del trascurrir de la historia, vemos que ya en el minuto dieciocho dos inspectores investigan el bar donde trabajaba la primera víctima, uno de los clientes del bar repite la misma pregunta sumergiendo a los agentes en la sospecha de algo extraño, pero la alerta aumenta cuando nos damos cuenta que los policías que llevan hasta ahora el peso de la historia, caen en el mismo vicio trasladando la alerta sobre nosotros mismo.
El surrealismo de algunas escenas muestra un mundo onírico que vive paralelamente al nuestro y que a su vez toma espacio en nuestra conciencia de lo real, nos confunde convirtiendo poco a poco nuestro mundo en un lugar extraño nos adormece antes de transportarnos a ese lugar de nuestra mente donde habita lo siniestro.
La trama nos enseña a una Laura Palmer con una escasa estabilidad psicológica a la vez que nos va desvelando que es lo que ha debilitado su equilibrio emocional. Aquí sin preámbulos nos muestra como lo siniestro a poseído su vida, como aquello que le era familiar, aquello que amaba, se muestra extraño, empieza a temer a su padre, no reconoce su actitud y siente un miedo atroz ante el extraño que ve él. Aquel monstruo que desde los doce años, como ella misma reconoce, la quiere poseer, ya no teme a su imaginación sino a lo que está ha creado, aquello inanimado ha tomado vida. Lo siniestro aquí también será al final totalmente visible aunque esta vez con un resultado nefasto para Laura Palmer.

La profecía de Richard Donner

Es la historia de una familia de renombre americana que tiene dificultades para tener hijos, por lo que el marido al sufrir su mujer un aborto, adopta de manera algo extraña un niño en el mismo momento y lo hace pasar como propio ante su esposa. Los años y la carrera política del marido avanzan y con esta se abre un prometedor futuro en la familia, todo bajo un marco inmejorable de amor familiar, pero al cumplir cinco años Damian, empiezan a ocurrir a su alrededor una serie de sucesos extraños, comenzando por el suicidio publico de su institutriz, en forma de sacrificio en su nombre. Acontecimientos que son tomados por la familia como hechos que atentan contra la seguridad de su hijo reafirmando con estos, los lazos paternos y maternos en el núcleo familiar. Pero las cosas cambian cuando el niño empieza a ser el protagonista de estos sucesos extraños, algo comienza a perturbarlos ahora de una manera mucho más sería, lo extraño empieza asomar en lo familiar, lo siniestro empieza a mostrarse, pero el amor familiar negara las evidencias. Hasta que estas se hacen insalvables en la madre la misma que es víctima en primeras instancias de aquello maligno en lo que se ha convertido su amado hijo, si aquello familiar se ha convertido en extraño para ella. Para el padre conocedor del origen secreto del niño aquello siniestro se muestra aún con más gravedad, aquello de lo que empezaba a tener sospechas es ahora una realidad siniestra y solo queda hacer el peregrinaje de hartarse de las razones empíricas que le den las armas para enfrentarse a aquello que ya acepta como irremediable, como cierto. Su hijo es un extraño que ataca directamente a su familia. 

Jorge Maruejouls

Posmodernidad


El bar-librería era de un esnob demasiado impersonal. Lleno de libros que no atendían a la lectura sino a la jactancia, todo aquello se me mostraba ajeno, hasta incomodo. Parecía el escaparate de unos diseñadores de gráficos, donde las estanterías exponían una pulcritud que orillaba el fetiche estético, obviando el verdadero sentido que albergaba la celulosa.
Yo en la senda del profesor Bukowski, bebía afanosamente con la esperanza de que algo ocurriera.
El vino siguiendo la dinámica de la noche se mostraba suave en el paladar pero ostentoso en la garganta, tan bueno que no conseguía embriagarme lo suficiente para desenredar las palabras que se atoraban en mi garganta, mientras el goteo constante de diálogos solitarios minaba mi despistada cordura. Voces que se perdían en la exuberancia de sus propios ecos. Me sentía absurdo, que hacia allí, alguien me había prometido una conversación interesante, -enlazar contactos- dijo y ahora estaba enjaulado sin poseer las espontáneas verdades que manejaban esos exquisitos individuos. Decidí Guardar mi simplicidad en el silencio, esperaba la oportunidad de desaparecer.
En un momento de la noche alguien dijo que no entendía aún que era la Posmodernidad.
Llevaba el suficiente tiempo hundido en aquella, estética pero incomoda butaca, para saber que no se trataba de una pregunta real, sino parte del teatro de su discurso, una manera de exponer cínicamente algo en lo que no creía, algo que suponían fruto de la inventiva, una inventiva de mal gusto. El poseedor de la reflexión seguía creyendo en el hombre y seguro que cada día creería más, alimentando su seguridad con el reflejo de cada cristal, con el sonido de cada palabra.


En ese instante vino a mi mente Deckard, aquel Blade Runner que recorría las calles de los Ángeles en el 2019 buscando a los replicantes que se habían negado a aceptar la caducidad de su existencia. Sí, desganado cumplía las órdenes que el sistema le imponía esperando que fueran las suficientes para largarse.
La ciudad por la que deambula es decadente, la necesidad de reinventarse, de borrar cualquier huella del pasado la ha convertido en un lugar inhóspito, todo parece estar abandonado, la exuberancia de algunos edificios expone la prepotencia de sus habitantes, mientras todo es bañado por una lluvia gris que no logra arrastrar la basura que se amontona en las esquinas y menos ahuyentar los tribales grupos que se mueven por las calles de manera caótica.
Los replicantes, cazadores de un pasado con el cual pretende crearse una identidad humana, mientras los habitantes de la ciudad parecen huir de cualquier recuerdo. Solo Deckard igual que los replicantes parece cuestionarse la realidad y por eso sufre.

Desde la realidad alguien me agitaba el brazo reclamando una respuesta:
¿Tú también crees que Ratzinger es un gran teólogo?
Marche sin contestar en busca de un lugar sórdido donde pudiera compartir intimidad con el silencio... Antes de que me hiciera demasiado pequeño.
Jorge Maruejouls
Dedicado a mis amigas Pepa, Teia y Maria Angeles



Una triste sonrisa


En estos tiempos donde el capricho nefasto de pocos a llevado la ansiedad a las puertas de muchos, os envío una sonrisa, la sonrisa de Chaplin.

Respirar

La ansiedad por robarle lo efímero a la belleza, alargar la magia para que el vacío de nuestra existencia no nos atrape.

DON JUAN DE MARCO

Solo recuerdo la canción, la película la agote entre efluvios que nacieron de la sombra de mis parpados. Me la imagino en la butaca de al lado, expectante, envuelta en la compleja naturalidad de su momento. Y yo tan banal, tan mediocre, cargado de la infinita presunción que da la ignorancia, uno de tantos héroes de barrio, uno de aquellos que nunca llega a salir del barrio. Sumergida en el pozo de mi mediocridad, pagaba el peaje de su capricho, jamás se pago tanto por unos ojos rasgados.

Alguien me dijo hace poco que fue una película muy mala yo conteste lo de siempre, solo recuerdo la canción.

Mentía.

Wong Kar-Wai

Al abrir la puerta las voces que provenían de la sala me advirtieron de una nueva reunión, algo que ocurría con más frecuencia de lo que deseaba. Corrían los años noventa y compartía piso con algunos universitarios adictos a diatribas imposibles. Lo que no era habitual, era aquella desconocida que encontré absorta mirando los posters de mi habitación. Recuerdo como deposite mi bolsa de deporte ocultando tras un fingido enfado mi curiosidad. Ella ajena a mi mueca me recrimino que no se reflejara en las imágenes ningún testimonio del cine oriental, ansioso, permanecí en silencio esperando un supuesto discurso seudointelectual sobre la sensibilidad autista de Kim Ki Duk, los saltamontes karatecas y sus chirriantes gritos de Ang Lee y la variopinta gama de absurdos incomprensibles de Kitano, solo tal vez, si mencionaba a Kurosawa y su Dersu Uzalá se hubiera salvado de la despiadada puesta a punto sobre la realidad del séptimo arte que se atoraba en mi boca.
Sí, esperaba una parrafada fácil de desmontar, una parrafada más cercana a un estudio sociológico que pretende cubrir las carencias del arte que se defendía, como si el arte necesitara de una explicación añadida para llenar los recodos que su falta de belleza a dejado al descubierto, algo que para entonces me ocurría frecuentemente con la literatura africana y sus incansables defensores abotagados de antropología, como si sus circunstancias vitales les exoneraran para exponer su mediocridad.
Pero aquella desconocida volvió a romper las reglas sagradas de lo habitual y me empezó hablar de manera pausada sobre un tal Wong Kar-Wai, de la misteriosa mirada de Tony Leung, de la elegancia de Maggie Cheung, de la exuberancia que habitaba en los rasgos de Zhang Ziyi.
Cuando acabo de introducir sus palabras en mis oídos, caí en la cuenta que no me había mirado en ningún momento. Se marcho, mientras yo, si que la miraba, aunque de soslayo para mantener mi postura.
Al sentir desvanecer su presencia, me apresure a escribir los sonidos que aun recordaba, solo atine al más mencionado Kar-Way, pero el rotulador renegaba del deslocado orden de esas letras, la palabra escrita por primera vez se me mostraba cruda, ajena al papel donde reposaba, pero por lo mismo enigmática y llena de misterio. Me puse una camiseta limpia y fui a la sala en busca de más, pero para entonces todos habían marchado.
Como era de entender acepte el convite y me sumergí en un mundo que se me mostró despiadadamente exquisito, ahora recojo para vosotros amigos alguno de esos momentos con la esperanza que os acompañe una copa de vino y que esta sea tan suave al paladar como la garnacha chilena que endulza mis letras y mis recuerdos.


Encierran la ansiedad de la juventud, época difícil que pocos superan sin secuelas, la mayoría escapa con la ilusión de volverse encontrar.
La paz de la soledad, el miedo a que un roce desmonte la sabiduría que habita en ella, le despiadada reflexión del reflejo de una mirada, el universo estético de una sonrisa que puede socavar tu soledad mostrándote la fragilidad de tu propia existencia, detalles, solo detalles que forman el conjunto de una exquisita poesía en movimiento.

Esconder la soledad en historias fantásticas que faciliten la cruel mediocridad de tus días, ocultar tras la tinta los sueños.

Nunca pregunte a mis compañeros de piso por aquella desconocida.
Jorge Maruejouls