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Vides secretes


Tenia setze anys i pensava que per fi havia comprat la meva llibertat, m’havia costat dos estius treballant a la pizzeria. Xavier, que era com es deia el mecànic, s’havia pres molt seriosament el fet d’explicar-me com havia de fer el rodatge de la moto, així que ignorant las seves paraules vaig prémer l’accelerador cap a la vida que segur que havia  d’existir més enllà de l’Escala; primer Viladamat, després Saus, més tard Camallera, fins a Mendiyà. Tots eren deserts, a les places dels pobles només es veia algun avi passejant la seva desgana. No m’ho podia creure, però encara tenia una oportunitat. La capital, sí, a la capital segur que hi hauria ambient. Quant hi vaig arribar els nervis i la fred competien per ser els principals artifexs de la tremolor que s‘endevinava al meu llavi inferior. Però tampoc no hi havia ningú. Vaig passejar pels seus carrers vells imitant els avis que havia vist. Fins que em vaig trobar a la Rambla, davant de la llibreria Geli. Vaig veure una noia que tímidament em mirava des de l’entrada de la llibreria, com si li estranyés que hi hagués una altra persona de la seva edat al món. Va seure en un banc que hi havia al costat de la entrada, va treure d’una bossa “Tendra és la nit”, d‘Scott Fitzerald i amb un boli va escriure a la primera plana el seu nom i el seu telèfon, va deixar el llibre al banc i va marxar sense acomiadar-se. Des d‘aquella nit vaig tornar al mateix lloc cada vegada que tenia festa, al principi per comprar llibres on seguir trobant aquell mon glamurós i ple d’aventures que m’explicava Fitzerald, però després varen venir les paraules amb què Mario Vargas Llosa explicava la dolça nostàlgia criolla. Com descriu la confusió de Sudàfrica, Coetzee. Les febres de Dostoyevski o l'angunia de Céline.


A la noia mai li vaig trucar, Scott Fitzerald ja m’havia donat el que buscava, m’havia donat la llibertat.

ARTURO PÉREZ-REVERTE



Hace siete años una Barcelona nacionalista y seca de ideas quería revivir el tiempo de Maragall, se invento para ello el Foro de las culturas, una plataforma ambigua e inconexa algo que demostraron sobradamente las ediciones posteriores, el Foro Monterrey y el Foro Valparaíso. La idea que se vendió fue la de crear un lugar maravilloso donde se podrían agrupar todas las voces que representaban a la cultura y conseguir un intercambio en pos de una diversidad que enriqueciera a la humanidad. La esencia de la idea era muy atractiva para esas voces y la Barcelona que todo el mundo recordaba parecía ser capaz de crear el soporte adecuado, el resultado fue el que he sentenciado al principio, eso si, los beneficios se aseguraron por la recalificación de los terrenos que se higienizarían con el proyecto, vamos todo muy pensadito. Siete años después, grandes hoteles y edificios ocupan parte de ese espacio, lo demás, un solar donde hacer conciertos, aunque no me gusta, lo que realmente lamento es que no sobrevivieron tampoco las ideas que nacieron de esas discusiones o lo que es peor tal vez ni tan siquiera surgieron. Yo para entonces hacia de puta para algunos periódicos latinoamericanos, me curraba entrevistas sin la seguridad de que se publicaran y si eso llegaba a ocurrir luego estaba la incógnita de cobrar. Aun recuerdo a mi escudero el fotógrafo Daniel Castro, la primera vez que El Espectador de Colombia se intereso por un articulo y nos pregunto cual era nuestro caché, su rostro descuajado, roto, como quien pierde un sueño, sus palabras lentas como un lamento -no hermano, si tenemos que pagar, no puedo-. Pero por extraño que parezca no tengo malos recuerdos de aquella época, nuestra insistencia, nuestro saber hacer, conseguimos instantes maravillosos, exclusivas, risas, momentos de magia con los grandes, y desnudamos sin piedad a los que se disfrazaban con palabras grandilocuentes, esa libertad que te da no tener nada que perder. El Foro de las culturas se convirtió para nosotros en una herramienta de acceso a personas relevantes y en algunos casos inaccesibles a nuestras posibilidades.

De todos aquellos el que me impresiono profundamente por su autenticidad fue Arturo Pérez-Reverte, el desparpajo con el que airaba su sentido común, se mostraba tan fuera de órbita en aquella marea, abofeteaba con sus palabras a la camarilla de seudointelectuales del momento. Era la primera vez que veía en uno de los grandes, que la calidad del individuo superara a la maestría de la obra. Con esto no quiero decir que tiene la razón en todo lo que dice, dios me libre de admirar tipo así, simplemente afirmo que me gusta hasta cuando se equivoca, ya sea en una entrevista, en su columna semanal o en los 140 caracteres de sus tweets. Pero por ahora solo me gustaría hablar de su novela: “La reina del sur”. En muchas ocasiones he odiado a Reverte, tal vez de la impresión que me estoy contradiciendo, pero es algo normal para cualquier escritor llegar odiarlo muchas veces……los ojos ligeramente rematados en puntas de almendra, la boca muy precisa, las antiguas y rebajadas gotas de sangre indígena manifestándose en la nariz. Que escritor no odiaría a Reverte, si lo reconozco lo he odiado en muchas ocasiones. El libro es la historia de una mujer que decide romper las reglas del mundo donde levitaba cómodamente, un relato aterrador de las mafias y los códigos de honor que se manejan en México. Un camino de supervivencia, desde su frágil adolescencia hasta su sobria y espeluznante madures, en que tendrá que ir salteando piratas y vampiros, sin dejar por ello de masticar las experiencias que se abrirán en su huida, los sentimientos y la pasión estarán presentes igual que lo racial ambientado entre las letras de los corridos mexicanos. Vamos un canto a la vida echándole el coraje suficiente para escupir a la muerte. A veces la vida se hace cuesta arriba, en esos momentos no intento refugiarme en folletos de autoayuda del rollo yes we can, yo prefiero imaginarme siendo un tercio español de esos que describe en Alatriste, Reverte, aunque sepa que el final es más funesto, se que el fondo la vida es así, si la vives de verdad, una autentica aventura.
Gracias por el coraje, Reverte.

Lecturas

Como lector sigo una serie de pautas a la hora de entregarme a la lectura, nada que ver con el ritual en el que sumerjo cuando estoy trabajando en un nuevo libro, ritual que en ocasiones roza aspectos obsesivos, hasta enfermizos me atrevería a decir, por eso cuando acabo de escribir una novela estoy durante una temporada intentando volver a recuperar mi realidad psíquica, como iba diciendo como lector la cosa es distinta, me suelo acompañar con un fluorescente y un rotulador los cuales me servirán para ir marcando líneas y añadiendo comentarios a medida que avanza la lectura, interactuó con el libro que voy consumiendo, modifico frases, añado y desvió posibles acontecimientos y en ocasiones inspirado por la historia escribo en las paginas iniciales o finales bocetos de posibles relatos o características de algún personaje de una novela en ciernes, esto aumenta en cierta medida mi reticencia a dejar algún libro prestado, si un amigo investiga en mi biblioteca es como si estuviera violando mi intimidad. Es que es imposible saber lo que sentí en el momento de su lectura igual que es imposible saber de que manera trasmití en mis notas de pie ese sentimiento, son muchas lecturas, demasiados libros, imposible recordar lo que apunte o que secreto guarde en cada uno de ellos, no puedo saber si esa verdad pueda ser entendida por el intruso o tal vez simplemente no desee esa comprensión.
Llevo como marcador de paginas una postal, la mayoría aventuras de Dani Castro, viajero incansable que me las envía desde algún remoto destino, él sabe que las tienen que mandar con el sello pero sin mensaje así yo las puedo llenar con los deberes que por seguro encontrare en la nueva historia, en ella siempre tengo que transcribir antes que nada lo que ha quedado pendiente de la anterior, en la mayoría de casos lo que queda por copiar son los títulos de los libros comprados y aun no leídos sino corro el peligro que estos queden olvidados entre los más de mil ejemplares que ya componen mi biblioteca personal.
Este mes que empezamos me he intentado poner al día con los libros comprados y no leídos, los cuales ya ocupaban tres cuartas partes de la postal, empecé con uno de los Hermosos Malditos mi compañero Murakami uno de esos amigos íntimos al que no conozco y lo más probable es que nunca nos encontremos aunque yo he compartido mediante sus libros tanto con el japonés que lo encuentro cercano, pero la lectura de La Caza del Carnero Salvaje no cumplió ni de lejos mis expectativas y tengo que ser critico por que pude apreciar que se metió en este proyecto en un fregado tan intimista del cual no supo salir con buen pie algo que le ha pasado a los mejores, si lees toda la bibliografía de tus favoritos siempre acontece el momento de debilidad que los hace humanos. El segundo era una recomendación de mi amiga la poetisa ecuatoriana Carla Badillo, la misma que este mes estará en el Festival Internacional de Poesía de San Francisco recitando su obra, desde aquí mucha suerte, el libro en cuestión Meridiano de Sangre tampoco logro atraparme y lo siento amiga no encontré la magia que describes, tal vez aun no estoy preparado para entender esa utilización del lenguaje como un código entrecortado a la manera de Faulkner escritor por el cual no siento admiración, algo que afirmo en voz alta aunque esto ocasione la flagelación espontánea de miles de escritores en el mundo, el tercero fue un capricho de bolsillo que encontré por casualidad en la librería Geli, uno de mis lugares favoritos de la ciudad donde vivo, una librería repleta de exquisiteces en Girona, era una novelita del renombrado filosofo Eliade del cual había leído algunos libros de investigación sobre las religiones comparadas, fue una gran sorpresa descubrir la etapa narrativa de este erudito y lo que no me esperaba es que la lectura de su Medianoche en Serampor me enganchara de tal manera que me hiciera recobrar el sentido real de la literatura, la evasión sin medida. En alguna ocasión os hablare del pensamiento de este gran erudito y su manera de entender la alteridad manera a la que prescribo mi propio pensamiento, el entendimiento de la visión del tiempo como algo lineal es la caracterización principal de occidente algo que contradice a las otras culturas que entienden el tiempo como una visión puntual de un momento inicial donde no cabe una progresión si esta no es el reflejo del hecho primordial.
Ahora mediante la lectura de El Rey Lear de la Estepa volveré a los rusos con una novela del lujoso Turguéniev y digo lujoso por que es un lujo la manera minuciosa en que escoge cada palabra con la precisión de un cirujano, por algo es uno de mis Hermosos Malditos.
Sabias que este gran escritor fue discriminado en la Rusia del siglo XIX por posicionarse en el bando de los occidentalistas que buscaban un acercamiento del pueblo ruso a la Europa occidental en contra de la gran mayoría de eslavófilos que defendían una ortodoxia extrema, como el caso de Dostoievski quien lo ridiculizo en su novela los Endemoniados o Tolstoi que llego a retarlo a duelo.
Y es que en ocasiones los mayores enemigos de la libertad del pensamiento son los propios artistas.
Un abrazo compañeros de viaje, ya os contare la próxima vez que hablemos de literatura que tal por la estepa rusa y por otros derroteros que la lectura me lleve.
Jorge Maruejouls

Mario Vargas Llosa

Empezare hablando de uno de mis favoritos de la sección de Hermosos Malditos, nada menos del maestro Mario Vargas Llosa, esto de maestro lo digo por que al leerlo me demuestra como pocos mi estatus de escritor en ciernes.
Y para comenzar me veo en la obligación de denunciar un despropósito, el hecho que este comprometido con su pensamiento político no tiene que estar por encima de su arte, él nunca ha dejado de crear esas novelas que apasionan y aunque prefiero dejar de lado “por este momento” su ideología política, no significa que este en contra de lo que piensa, al menos en lo más sustancial, por eso rompo una lanza a favor de sus ideales, y utilizaría la misma lanza si pudiera para darle en la cabeza a los demagogos que lo atacan, la mayoría de ellos escritores sin arte, indigenistas recalcitrantes o progresista del vulgo. Dejando claro que quiero referirme a su faceta como escritor y obviando la puta costumbre de algunos de intentar sujetar el arte bajo la pesada piedra de la conciencia. El arte no tiene que estar sujeto a nada y mucho menos supeditado a algo, es algo que tiene que fluir con total libertad por personas como él y en ocasiones ese don sale a flote salpicándonos con su magia.
Tras lo dicho quiero dejar claro también el sentido busco en una novela, para mi es el vehículo por el cual trasladarme a una historia ajena a mi vida, una aventura en la cual padezco y disfruto con las delicias o sinsabores que el artista describe, ante este concepto el escritor tiene que atraparme, darme una causa para seguir, una intriga, indicarme el camino que quiere continuar la trama sin desvelarme el desenlace y de esta manera atraparme en su red, tener ganas de llegar a casa y descubrir que le ha pasado al que se a convertido en mi eventual compañero de viaje y eso es lo que hace grande Llosa, sabe despertar mis sentidos. La incomprensión que alimenta la soledad de los Andes de Lituma, sentirme mi educación difusa ante la Tía Julia, almidonarme sin saber donde acaba la responsabilidad y empieza el deber con Pantoja.


A él le debo que muchas veces me haya planteado lo que es bueno y lo que no lo es y por eso hoy tal vez en su medida he aprendido a tener algunas cosas claras y de esta manera dibujar la confusa línea que ha veces separa el bien del mal.En este apartado pretendo ir desmembrando la obra de los Hermosos y Malditos, no busco un genérico de sus libros sino una opinión de sus obras, estas apreciaciones literarias tampoco quieren ser una critica académica, ni muchos menos un documento periodístico, simplemente nacen con la idea de compartir la satisfacción de la lectura, las podemos interpretar como una recomendación literaria que os haría mientras tomamos un vino.

La tía Julia y el escribidor, uno de mis libros de cabecera, aunque esto del libro de cabecera siempre me a traído más de un disgusto, No, que dices, este, aquel aquel es más importante en su trayectoria literaria, de que coño hablamos del que me gusto más o el que tuvo mayor influencia en el intelectualismo. Esta novela cuenta la historia de Varguitas, un joven criollo que nos describe con una naturaleza tan cómplice la manera de enfrentarse a la vida como escritor en la Lima de los años 50, como conoce el primer verdadero amor de su vida, una inapropiada relación que lo alejara de la protección de los suyos y le planteara un dilema moral que tendrá que resolver. Un salto al vacío en el que empieza a darse cuenta de que la vida ha cambiado y que ya no puede estar envuelto de ese circulo que antes lo protegía, este ha desaparecido y ahora se tiene que enfrentar a una serie de cosas con las que no estaba preparado y que intentara ir sorteando dejando de lado o al menos no trasmitiendo el cariz dramático de la situación, algo bastante común en la obra de este artista, no cae en el reclamo del melodrama pero si nos convencen para seguir a Varguitas por su travesía de un Perú olvidado. El libro parte de los recuerdos de su propia juventud y de la historia de amor con su primera mujer. Y en algunos momentos parece la continuación de La ciudad y los perros, obra con la que el peruano conseguirá saltar a la palestra literaria.



En este libro nos cuenta la experiencia de un cadete de una escuela militar del Perú, la brutalidad de las peleas, un absurdo racismo de todos contra todos, la ignorancia implícita, los valores de la amistad, la soledad del honor, el hambre juvenil de sexo, todo esto bien agitado, te da una novela muy intensa donde se montan y se remonta voces, tal vez por esto demasiado Faulkneriana para mi, Que dices imbecil, Falkner es dios, si pero yo no creo en dios, entre medio podría decirse que escribió Los cachorros y los jefes con seguridad recuerdos que en su adolescencia su retina atrapo, relatos cortos que no tienen desperdicio donde se muestra lo competitivo de ese momento de la vida, cuando es necesario demostrar para convencer y cuando convencer es todo.
Ahora siguiendo este orden caprichoso que no guarda relación con la cronología real os hablare de otra joya Pantaleón y las visitadoras, solo el hecho de pensar que esta basado en hechos reales (la comandancia del ejercito peruano decide crear un escuadrón de putas que frene el incremento de las violaciones que sufren las nativas por parte de los soldados) es el principio de un asombro que del cual no sabrás salir hasta que acabas el libro, en este Llosa nos lleva de la mano del capitán Pantoja ante unos dilemas morales que no tendrían cabida en occidente pero que en medio del amazonas tienen una lectura totalmente diferente. El escrupuloso y maniático capitán Pantoja tendrá que aceptar esta nueva perspectiva y aprender el ritmo de la cultura selvática, el mismo que lo atrapara en una espiral sin salida.
Cabe resaltar la capacidad de Llosa para crear personajes mezquinos, rebuscados, consigue personalidades peculiaridades muy variadas, perfectamente inidentificables por su autonomía, por su independencia, como seres con vida propia, seres escritos con otra pluma.

No cabe duda que tenia que continuar hablando de Lituma en los andes, ¡Salvad a ese hombre! es lo primero que viene a la cabeza, el cabo Lituma se ha convertido con el paso de los años en uno de mis mayores héroes, tal vez solo comparable a Chinasky, la soledad que le rodea es despiadada. La incomprensión de la gente del lugar delata su pronto final y el sigue con la obsesión que es en cierta manera es su incapacidad de entenderlos, de ponerse en su lugar, un lugar que el nunca ha visto de cerca y que ahora le cierra un cerco terrible alrededor de él, pero no puedo contar más con la esperanza que leas el libro, eso si con la mente abierta la única manera con la que se tiene que leer sino no seria lectura sino análisis y eso no vale si lo que quieres es disfrutar.

El último regalo del que os quiero hablar es El Paraíso en la otra esquina es una pieza de gran maestría donde el artista consigue un intimismo que te atrapa y te acompaña durante todo el trayecto de su lectura, para ello se pone en la piel de un incomprendido Gauguin y una idealista Tristán un viaje donde mentalidades distintas te irán contando como vencen o son vencidas ante las adversidades de la vida, todo ello sin renunciar nunca al destino que ellos mismos escogieron, la utopía.

Podría hablarlo de otros grandes títulos que leído del autor, pero he preferido solo los mencionados por que son con los que me evadido más de la realidad del momento eso no significa que sean los mejores pero si con los que más íntimamente ligado me he sentido, ahora espero que me hagáis caso y vayáis a una biblioteca a coger alguno de esos títulos y a disfrutar. Salud.

Volveré pronto para hablar de otro Hermoso Maldito.

Jorge Maruejouls